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martes, 4 de enero de 2011

TARDE DE ENERO

Era fría aquella tarde de enero, como casi todas las tardes de enero. Y tan corta aún que había que ser muy optimista para percibir que los días habían empezado a ser unos segundos más largos. Los segundos habrían de convertirse en minutos y después en horas, poco a poco, pero eso no evitaba que el vaho se petrificara al salir de su boca y que la humedad calara sus huesos mientras esperaba en aquella estación de tren.
 El frío en los años 40 no era como el de ahora. Aquel frío acentuaba el hambre y evidenciaba la miseria y la ruina que asolaban al viejo continente. Aquel frío y aquella noche prematura, convertían los días en eternos pedazos de un tiempo que parecía querer huir de sí mismo para no enfrentarse a su propia realidad.

Aquella tarde, Inés Galván recordó los días en la escuela y las clases de piano y canto en la academia de Giuseppe, el risueño músico italiano  que, al igual que su padre y su tío, había sido fusilado por los nacionales. Pensó en su hermano Carlos y en el calvario que estaría pasando desde que le detuvieron. No se había vuelto a saber nada de él, ni bueno ni malo y como bien decía su madre, -A tu padre y a tu tío no les hemos podido enterrar, Inesita, pero es que de Carlos no sabemos siquiera si está vivo-.

Inés no podía llorar. Ya no le quedaban más lágrimas por derramar. Sin embargo, su profunda pena y la impotencia que sentía al no poder hacer nada, no la impedían acudir cada tarde a aquella estación de piedra adonde no llegaban los trenes desde hacía muchos años. Aquella estación que años atrás tuvo tanta vida y que hoy le daba cobijo a los fantasmas de la guerra. Allí donde se despedían las madres de los hijos que partían en busca de un futuro. Donde se intercambiaban mercancías, alimentos y libros, muchos libros que ahora eran cenizas de censura y necesidad. Donde su padre cargaba de carbón la máquina para llevar a todas aquellas personas y cosas a su destino. Allí donde ella pasaba largas horas leyendo al sol en un banco de madera, las cartas de amor de aquel poeta que murió en vida dejándola a ella sin lágrimas, con la premisa de darle al hijo de ambos un rayo de luz y esperanza que pudiera cambiar el mundo.


NANAS DE LA CEBOLLA
Miguel Hernández
.

 ( Dedicadas a su hijo, a raíz de recibir una carta de su mujer,
en la que le decía que no comía más que pan: y cebolla)

 .
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
.
Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.
.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.
.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
.
Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
.
Ser de vuelo tan lato,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
.
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
.
Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni
lo que ocurre.

11 comentarios:

Heloise dijo...

Precioso relato. Enternecedora Inés volviendo una y otra vez a esa estación esperando a la vida.
Preciosa nana de mi poeta favorito, llena de amor y esperanza.
Gracias, Laura.

Nieves LM dijo...

Triste y doloroso relato pero precioso. Muchos besos Laura.

Laura dijo...

Gracias, chicas. .

Preciosas vosotras :-)

Horacio Holiveira dijo...

Vamos, una tarde de Enero como esta, que no es tarde. :D

Mª Dolores dijo...

Interesante tu relato. Para mí, la presencia de Inés en la estación, lugar no solo de despedidas sino también de reencuentros, en medio del ambiente triste del invierno, representa el punto de partida para alcanzar tiempos mejores. Es un relato triste, pero hay que intentar ver siempre la luz.
Un saludo

Boris dijo...

si que es triste el relato pero esta muy bien escrito, me gusto bastante

Oski dijo...

Frágil memoria que, rompiendo las reglas, se hace fuerte gracias a este relato.

Un abrazo muy grande y feliz 2011.

Laura dijo...

Tenéis razón, no es tarde, la memoria, aunque frágil es parte de nosotros y la esperanza, una necesidad que nos permite seguir adelante.

Saludos

Ladrón de Guevara dijo...

Una entrada muy bonita.

Gracias.

Cuídate.

Marcos dijo...

Un relato muy bonito y que transmite muchas sensaciones. Al igual que el poema de Miguel Hernández, que me gustó y eso que no soy muy aficionado a la poesía...

Laura dijo...

Gracias a todos.

Un beso bastante templadito para ser enero.