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domingo, 16 de enero de 2011

Las estrellas que solíamos mirar


- ¿Te acuerdas de cuando mirábamos juntos las estrellas?

- Claro que me acuerdo. Éramos jóvenes y podíamos permanecer horas a la intemperie en pleno invierno.

- Aún somos jóvenes, ¿no?

- Supongo que sí, pero no tanto como aquellas noches.

- ¿Tú crees que hemos ganado algo en todos estos años?

- Sí. Hemos ganado años, kilos y alguna que otra cana.

- ¿Y qué hemos perdido?

- Fuerza, ímpetu, ilusión...

- ¿Por qué la vida se vuelve tan complicada?

- No lo sé. Hacerse mayor conlleva esas preocupaciones.

- Abrázame, por favor.

- Nunca antes me habías pedido que te abrazara.

- Porque nunca antes lo había necesitado. Hoy tengo frío y nostalgia. Abrázame, anda, que sé que lo estás deseando.

- Los deseos también se mitigan con los años.

- Entonces, ¿no vas a abrazarme?

- He dicho que los deseos se mitigan, no que desparezcan.

- Supongo que los deseos son como las estrellas. Siguen brillando ante nuestros ojos aunque haga años que se han apagado.

- ¿Aún sigues queriendo que te abrace?

- ¿Aún deseas abrazarme?

- ¿Se han apagado, acaso, todas las estrellas que solíamos mirar?


15 comentarios:

Susana dijo...

Uy, qué bonito!

Un abrazo, ea!

Nieves LM dijo...

Los deseos y las necesidades cambian con los años, por supuesto, al menos la manera de percibirlos. No sé si pueden ser los mismos, pero con otro abrigo.
Preciosa entrada Laura.

Laura dijo...

Madrugadoras ;-)

Gracias.

Ladrón de Guevara dijo...

Hay cosas que no se deberían pedir... como hay cosas que nunca se deberían dejar de mirar.

Cuídate Laura.

Marcos dijo...

Bonito relato y bonita canción.

Las cosas pueden variar con los años, pero no son cambios radicales, son simplemente una evolución. Como la vida misma...

Boris dijo...

es triste que con los años perdamos la ilusión o la fuerza, son cosas que creo debemos luchar por conservar el mayor tiempo posible

la canción es muy bonita

Álvaro Dorian Grey dijo...

me ha encanta, es precioso.

Laura dijo...

Los chicos remontan ;-)

¡Gracias!

Roberto dijo...

tal vez no hagamos mayores, LAura..je

pero el ímpetú no cede, en nuestro caso no, y además se combina con un mayor autoconocimiento..no me cambio por cuando tenia 18 años, estaba lleno de miedos e inseguridades....hoy por hoy estoy casi en paz conmigo mismo...

un beso rebelde para ti

me es fácil contarte cosas, te siento cerca---

Cecilia Alameda Sol dijo...

A mí esta historia me pone triste. Parece como si algo estuviera a punto de acabarse

Laura dijo...

Supongo que son tiempos en los que cada día se nos acaba algo, por pequeño que sea.

Yo tampoco me cambio por cuando tenía 18, Roberto, pero entonces lo tenía todo por ganar y ahora tengo miedo de tener demasiadas cosas que perder y pocas ganas de asumirlo.

Me gusta lo de "casi en paz". Nunca se está completamente en paz con uno mismo, ¿verdad?

Un abrazo y gracias por dejar vuestras huellas.

Mª Dolores dijo...

Los deseos, las necesidades pienso que son los mismos, nosotros los vemos desde diferentes perspectivas según nuestra madurez. No desaparecen. Si no somos capaces de sentirlos es que hemos muerto.

Lector en la sombra dijo...

Una historia triste, pero bonita e ilusionante a la vez.

The Doll dijo...

Historia melancolica, de las que en alguna ocasion, todos hemos sido protagonistas, pienso, que a pesar de ello, asi, los principios e ideales sales fortalecidos.
saludos

Laura dijo...

Gracias, muchas gracias por venir, por ojear, por comentar y por haber hecho de ésta, la entrada más vista hasta ahora.

Mil besos.