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lunes, 24 de agosto de 2009

Crónica de una boda anunciada


Que todas las noches sean noches de boda.
Que todas las lunas sean lunas de miel.

Hoy duele en mi cuerpo la resaca del acto que unió en matrimonio a dos buenos amigos y en mi rostro se percibe aún la sonrisa que mantuve durante todo el día. Para mí, Alicia y Sergio ya estaban casados. Se casaron el día que se conocieron y se enamoraron. Se casaron sellando sus labios en un beso cargado de amor y ternura. Se comprometieron firmando en una servilleta de papel, o en una carta de amor, quién sabe. Se dijeron "sí quiero" cuando decidieron irse a vivir juntos. Ellos son mucho más que un papel en el que estampar su firma, que un día en el juzgado, que un viaje a las américas.

Y sin embargo, se casaron el sábado. Los familiares estaban emocionados y los amigos, lo comprobé en mis propias carnes, también. Un día excelente y un paraje excepcional (El Palacio de la Magdalena de Santander), acompañaron a los novios en su día especial. Ella estaba tan bella como emocionada. Él, más guapo que nunca, estuvo sereno y sonriente.

Y nosotros, los amigos, los colegas, los compañeros de juergas, de viajes, de sueños, de delirios, de amores, de penas, de alegrías. Nosotros estuvimos allí con ellos sintiendo, acompañando, recordando viejos tiempos, dándonos cuenta de que el paso del tiempo no nos ha cambiado tanto, después de todo. Porque después de todo, el tiempo ha respetado la esencia de nuestros corazones y nosotros no hemos permitido, ni permitiremos que se borre el recuerdo de los momentos que nos hicieron soñar despiertos con lo que hoy es un hecho. Que somos amigos y que eso, nada ni nadie lo cambiará.

Felicidades y gracias por un día maravilloso.