Como la isla de Mallorca nevada. Como mi cara frente al mar, con el viento del norte cortando mi piel y haciendo llorar mis ojos. Así eres, así fuiste siempre. Insólito, helador, hiriente.
Como este frío que cala mis huesos, como la hierba cubierta de escarcha, como este invierrno que trae nubes grises que, inevitablemente, por desgaste, toman el lugar que ocuparon tus cálidas miradas.
Acechante, como la madurez, que nos va restando inocencia por momentos. Como tú y yo en fotos de hace años. Antiguas aunque no haga mucho de la última vez, aunque no hayan pasado más que unas semanas, en mí y en ti, los meses de nuestra existencia pasan demasiado rápido.
Como el amanecer tardío y el madrugador atardecer. Como saber de ti tanto sin saber absolutamente nada y avergonzarme la mirarte a la cara y no saber qué decirte. Con el intento de retener en mi memoria la última sonrisa que me dedicaste.
Pero te quise y no sé bien si te quise porque tú me querías o porque sabías hacer que te quisiera o porque, en realidad, sin quererlo, apredí a quererte tanto que hoy no sé querer sin ti. Porque creo que, después de todo, tu amor por mí fue una de las más de cien mentiras del poeta que llevabas dentro. Y que ese poeta conquistó, sin piedad, lo poco de verdad que hay en mí.
Pero, quién no se ha dejado coquistar alguna vez por un poeta.
La chica de la trenza pelirroja
Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo. Mario Benedetti
sábado 4 de febrero de 2012
sábado 14 de enero de 2012
1996-2012
Cuánto tiempo ha pasado desde los primeros errores,
del interrogante en tu mirada.
La ciudad gritaba y maldecía nuestros nombres,
jóvenes promesas, no, no teníamos nada. (Ismael Serrano. Recuerdo. 1996)
Yo también tengo miedo del futuro. Cómo no tenerlo, si esta deuda absurda se ha cargado los sueños y las ilusiones de los jóvenes, provocando en ellos un prematuro envejecimiento, una inusitada amargura y una terrible sensación de desamparo y desconcierto. Cómo no temer al día de mañana, al porvenir. Cómo no sentarse hoy delante de una taza de té y hundir la mirada en su fondo rojo buscando algún poso que te asegure que todo va a salir bien, que las cosas, malditas sean, van a ir mejor. Agárrate de mi mano, es todo lo que te quiero pedir y es lo poco que te puedo ofrecer.
Yo también me siento cansada y más vieja. Y cada día tengo menos ganas de afrontar esa conversación que tengo pendiente contigo y con tanta gente porque cada segundo que corre en mi reloj es un día en el tuyo. Porque tu tiempo es más lento y menos complejo que el mío, porque tus agujas, con razón, se niegan a seguir mi ritmo suicida, un ritmo destructivo con el que no consigo sino acelerar algo que nunca lograré terminar.
Supongo que hubo tiempos en los que una suerte mejor me conoció. Ahora tengo miedo al cambio de gobierno, a la subida de impuestos, a tributar un porcentaje similar al que tributa un señor o una señora con mucho más dinero que yo. A tener que oír y callar cuando dicen que soy de clase media y resulta que yo sigo sin saber muy bien quién soy, pero sé que me siento a medias en todo. Odio las etiquetas, los baremos, las injusticias, la pedantería y las mentiras. No soporto que me mientan en mi propia cara y bloquearme hasta el punto de no saber qué puedo hacer para solucionarlo, para hacerlo saber, para tapar las bocas que tantas veces intentaron hundirme y que ni lo han conseguido, ni lo conseguirán.
No me atrevo a decir nada, no estoy segura. Pero creo que algún día, camino del trabajo, entre los bostezos de otra noche de insomnio y las noticias asesinas que salen de tu tableta, te parecerá verme y los recuerdos de todo aquello que vivimos se agolparán en tu mente y te harán sentir otra vez joven y poderoso. Recordarás que fuimos jóvenes promesas y que, en realidad, ilusos de nosotros, no teníamos nada más que las ganas de recorrer las calles en busca de una revolución que no tuvo lugar y la necesidad de encontrar un portal donde donde ampararnos del frío de la madrugada. Creerás reconocerme después de tanto tiempo, te armarás de valor y me dirás ¿Cómo estás? Cuánto tiempo, ¿te acuerdas de mí? ...
...pero yo ya no seré la misma.
Cuando Ismael Serrano publicó este tema, lo hizo en su disco La memoria de los peces en el año 1996. El mundo no vivía una crisis, o quizá sí. Quizá el mundo no ha dejado nunca de vivir en una continua crisis. En 1996 Ismael Serrano tenía 22 años. Yo tenía 15 y La chica de la trenza pelirroja era un personaje de mi infancia sin mayores pretensiones que las de entretenerme. Ganaban las derechas y los corazones de los que ansiaban un mundo mejor se resentían. No sé si el mundo estaba en crisis aunque cada día estoy más convencida de que sí, de que siempre lo ha estado.
viernes 30 de diciembre de 2011
Balance
Conservo miedos por los que aún debo cantar. Aun siento el vértigo helado al echar la vista atrás. Ismael Serrano. Balance.
No soy buena haciendo balance. Nunca pongo todo lo malo, por muy malo que sea, en la balanza. Supongo que es una forma de autoprotegerme como otra cualquiera, como refugiarme en tu pecho cuando tengo miedo o llamar a mi madre cuando estoy enferma. No soy buena haciendo resúmenes, me entretengo siempre en los detalles y se me pierde el hilo conductor, como cuando me fijo en una persona del autobús y construyo una historia con ella que nunca llego a escribir y se me pasa la parada. Y quizá por eso tengo la sensación constante de que hay muchas paradas que se me han pasado por más atenta que quise estar y este año no ha sido menos.
Hubo muchos detalles que me hicieron gastar un tiempo que no ha sido mío en absoluto. No ha sido mi tiempo porque fue de otros, de los que lo necesitaron más que yo, de los que me lo compraron a cambio de una cárcel de oro, de los que abusaron de él para satisfacer su egocentrismo. No creo en los propósitos de año nuevo pero sé que algo tiene que pasar, algo tiene que pasarnos. Unos gritan revolución y no hacen nada mientras otros crean canciones nuevas, nuevos versos con los que alimentar esas pequeñas revoluciones que todos y cada uno de nosotros iniciamos cada día y que no mueren al ponerse el sol.
El miedo a no dar la talla, a no ser útil, a no estar ahí siempre y a no cumplir las expectativas que se crean sobre mí, ha sido mi caballo de batalla. Por el camino, han quedado cosas por hacer y una sensación tremenda de inconformismo, de que a todo lo que hago le falta un hervor que no sé cuándo ni cómo dar. Y el miedo vuelve y vuelve el castigo y la angustia de no saber por dónde seguir. Las cosas que tan claras están en la cabeza se convierten en borrones sobre el papel cuando antaño resultaron tan sencillas de plasmar.
Los asuntos que antes me interesaron ahora me defraudan y esas luchas que me tenían en guardia se me antojan lejanas e inútiles. Menos mal que tu voz me da fuerzas para seguir luchando cada mañana y argumentos para no abandonar el frente que me unió a ti y a otras personas que creo que lo han abandonado ya o (me planteo, incluso) que nunca estuvieron realmente en él. A esas personas les dedico también estas líneas porque me cuesta, pero estoy aprendiendo a vivir sin ellas y descubriendo que no era tal la necesidad que creía tener de tenerlas cerca. No es autosuficiencia, es supervivencia.
Hubo muchas risas y miradas cómplices y besos y abrazos y caricias irrepetibles. Conocer caras nuevas, personas nuevas, nuevos acordes, lugares nuevos. La retina guarda esos atardeceres preciosos en Canarias, cuando ninguna enfermedad era lo suficientemente fuerte para parar las ganas que teníamos de pasarlo bien. Y otros viajes, otras sorpresas, encuentros inesperados, noticias amargas que se convirtieron en dulces, deseos que se vieron realizados, cimas que se tocaron con la punta de los dedos. Sueños que aun nos quedan por cumplir mientras dejamos atrás a personas que se fueron para siempre, así es la vida.
Valorar más a los que más cerca están es lo que nos toca. Vivir lo mejor posible con los recursos que tenemos y no borrar jamás la sonrisa de nuestras bocas. Cuidar de lo cercano sin olvidar lo global, lo que nos rodea, lo que nos sitúa en el mundo. Querer con toda la pasión que tengamos y no dejar de dar lo mejor de nosotros mismos. ¿Son propósitos? Llamadlos como queráis, pero no olvidéis ser felices.
No soy buena haciendo balance. Nunca pongo todo lo malo, por muy malo que sea, en la balanza. Supongo que es una forma de autoprotegerme como otra cualquiera, como refugiarme en tu pecho cuando tengo miedo o llamar a mi madre cuando estoy enferma. No soy buena haciendo resúmenes, me entretengo siempre en los detalles y se me pierde el hilo conductor, como cuando me fijo en una persona del autobús y construyo una historia con ella que nunca llego a escribir y se me pasa la parada. Y quizá por eso tengo la sensación constante de que hay muchas paradas que se me han pasado por más atenta que quise estar y este año no ha sido menos.
Hubo muchos detalles que me hicieron gastar un tiempo que no ha sido mío en absoluto. No ha sido mi tiempo porque fue de otros, de los que lo necesitaron más que yo, de los que me lo compraron a cambio de una cárcel de oro, de los que abusaron de él para satisfacer su egocentrismo. No creo en los propósitos de año nuevo pero sé que algo tiene que pasar, algo tiene que pasarnos. Unos gritan revolución y no hacen nada mientras otros crean canciones nuevas, nuevos versos con los que alimentar esas pequeñas revoluciones que todos y cada uno de nosotros iniciamos cada día y que no mueren al ponerse el sol.
El miedo a no dar la talla, a no ser útil, a no estar ahí siempre y a no cumplir las expectativas que se crean sobre mí, ha sido mi caballo de batalla. Por el camino, han quedado cosas por hacer y una sensación tremenda de inconformismo, de que a todo lo que hago le falta un hervor que no sé cuándo ni cómo dar. Y el miedo vuelve y vuelve el castigo y la angustia de no saber por dónde seguir. Las cosas que tan claras están en la cabeza se convierten en borrones sobre el papel cuando antaño resultaron tan sencillas de plasmar.
Los asuntos que antes me interesaron ahora me defraudan y esas luchas que me tenían en guardia se me antojan lejanas e inútiles. Menos mal que tu voz me da fuerzas para seguir luchando cada mañana y argumentos para no abandonar el frente que me unió a ti y a otras personas que creo que lo han abandonado ya o (me planteo, incluso) que nunca estuvieron realmente en él. A esas personas les dedico también estas líneas porque me cuesta, pero estoy aprendiendo a vivir sin ellas y descubriendo que no era tal la necesidad que creía tener de tenerlas cerca. No es autosuficiencia, es supervivencia.
Hubo muchas risas y miradas cómplices y besos y abrazos y caricias irrepetibles. Conocer caras nuevas, personas nuevas, nuevos acordes, lugares nuevos. La retina guarda esos atardeceres preciosos en Canarias, cuando ninguna enfermedad era lo suficientemente fuerte para parar las ganas que teníamos de pasarlo bien. Y otros viajes, otras sorpresas, encuentros inesperados, noticias amargas que se convirtieron en dulces, deseos que se vieron realizados, cimas que se tocaron con la punta de los dedos. Sueños que aun nos quedan por cumplir mientras dejamos atrás a personas que se fueron para siempre, así es la vida.
Valorar más a los que más cerca están es lo que nos toca. Vivir lo mejor posible con los recursos que tenemos y no borrar jamás la sonrisa de nuestras bocas. Cuidar de lo cercano sin olvidar lo global, lo que nos rodea, lo que nos sitúa en el mundo. Querer con toda la pasión que tengamos y no dejar de dar lo mejor de nosotros mismos. ¿Son propósitos? Llamadlos como queráis, pero no olvidéis ser felices.
sábado 17 de diciembre de 2011
Deuda
Te
debo un verso, una disculpa y tal vez una respuesta a aquella pregunta que
no formulaste. Y un secreto que sabes
que no te confesaré jamás, quizá te debo también.
Te
debo un abrazo y seguramente algún beso que intentaste robarme apoyado en la
barra de aquel bar que habitamos tú y yo cuando vivíamos bebiéndonos la vida y
la niebla de la madrugada.
Te
debo una mañana. Pasearme desnuda muy cerca de ti y no dejar que me toques. Vestirme
con una de tus camisas y ver amanecer mientras desenredas mi pelo con tus
dedos.
Te
debo un verso, una palabra, una declaración de amor que nunca escribiré ni
recitaré y que formará parte, junto con
otras muchas cosas, de esta deuda eterna que tengo contigo (y que no quiero que
me perdones).
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Pensamientos
martes 6 de diciembre de 2011
La vida
Este otoño de atardeceres rojos sobre indescriptibles fondos celestes imposibles de captar con otra lente que no sea la del ojo humano, este otoño que algunos llamaron primaveral, esta sensación de desazón y de alegría a partes iguales, es la esencia de la vida o, al menos, es lo que tenemos que creer para que vivir sea algo más que soñar con algo mejor.
Cuando sientes que no hay un masaje más relajante que el de las manos de tu amante ni calor más confortable que el del sol que entra por tu ventana y que no encontrarás sonrisa más cierta que la de un niño al que le cuentas por vigésima vez el mismo cuento, entonces, aprecias de verdad la vida.
Llenas tus armarios de perfumes para acabar descubriendo que el olor más auténtico proviene de una mandarina recién abierta o de un bebé recién bañado o de la brisa suave pero gélida que entra al abrir tu balcón por la mañana. La vida es tal vez eso, las pequeñas cosas, las más íntimas, las que no publicas en el facebook, las que te enseñan a ser feliz.
Llenas tus armarios de perfumes para acabar descubriendo que el olor más auténtico proviene de una mandarina recién abierta o de un bebé recién bañado o de la brisa suave pero gélida que entra al abrir tu balcón por la mañana. La vida es tal vez eso, las pequeñas cosas, las más íntimas, las que no publicas en el facebook, las que te enseñan a ser feliz.
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Pensamientos
sábado 26 de noviembre de 2011
Suscribo
Leedlo. Al hilo de algo que se me pasó a mí por la cabeza cuando vi el vídeo del traspaso de poderes del otro día. Dios, pensé, pero si esta mujer ha dado a luz hace apenas diez días. Madre mía, está echando por tierra lo que tanto costó conseguir en derechos para las mujeres y para la conciliación familiar en general. ¿No se da cuenta de que es un cargo público? ¿Y el padre?, pensé. Me consolaría que hubiera cogido la baja el padre pero no, corrige ella a Jáuregui, está con el permiso de quince días.
martes 22 de noviembre de 2011
Reacciona
A veces me pregunto por qué el imperio le cercenó las alas a mi sueño. Por qué antes de nacer ya nos dieron por muertos. Ismael Serrano.
Reaccionar. Tan difícil en ocasiones. Por mucho que nos parezca que es fácil.
Reacciona, me digo a mí misma mientras veo pasar la vida, las reuniones, las personas, los sueños que todos se llevan consigo, alejándolos por momentos de mí.
Reacciona, piensa, contesta. Sé que ahora más que nunca me hago falta a mí misma y no estoy conmigo, no me llamo por teléfono, no me mando un mensaje, no me pregunto qué tal, qué quieres, qué sientes, qué necesitas.
Reacciona. Los tiempos cambian y parece que nada podemos hacer. Los señores del dinero mandan, determinan lo que está mal y lo que está peor. Juegan con nosotros como con marionetas y mientras, este títere que solía escribir, se limita hoy a describir porque hasta su propia esencia se ahoga por momentos.
Reaccionemos. Salgamos a la calle. Esto no puede estar pasando. Sanidad, educación, dependencia. No son recortes de presupuesto, son recortes de la libertad, de los logros que tanto sudor costó conseguir, de aquellos derechos que nos hicieron sentir orgullosos e importantes. Esto no puede consentirse ni consolidarse. Esto no puede no tener consecuencias. No debe. Somos muchos. Muchos más que ellos. Mucho más poderosos, mucho más grandes, más fuertes, más resistentes y, sobre todo, tenemos mucho más corazón y amamos mucho más a esta mierda de mundo en el que vivimos de lo que ellos se imaginan.
Deja que tu alma cansada tome ese sorbito de aire extra que reanime tu espíritu de lucha y reacciona porque ya no basta con indignarse.
Reaccionar. Tan difícil en ocasiones. Por mucho que nos parezca que es fácil.
Reacciona, me digo a mí misma mientras veo pasar la vida, las reuniones, las personas, los sueños que todos se llevan consigo, alejándolos por momentos de mí.
Reacciona, piensa, contesta. Sé que ahora más que nunca me hago falta a mí misma y no estoy conmigo, no me llamo por teléfono, no me mando un mensaje, no me pregunto qué tal, qué quieres, qué sientes, qué necesitas.
Reacciona. Los tiempos cambian y parece que nada podemos hacer. Los señores del dinero mandan, determinan lo que está mal y lo que está peor. Juegan con nosotros como con marionetas y mientras, este títere que solía escribir, se limita hoy a describir porque hasta su propia esencia se ahoga por momentos.
Reaccionemos. Salgamos a la calle. Esto no puede estar pasando. Sanidad, educación, dependencia. No son recortes de presupuesto, son recortes de la libertad, de los logros que tanto sudor costó conseguir, de aquellos derechos que nos hicieron sentir orgullosos e importantes. Esto no puede consentirse ni consolidarse. Esto no puede no tener consecuencias. No debe. Somos muchos. Muchos más que ellos. Mucho más poderosos, mucho más grandes, más fuertes, más resistentes y, sobre todo, tenemos mucho más corazón y amamos mucho más a esta mierda de mundo en el que vivimos de lo que ellos se imaginan.
Deja que tu alma cansada tome ese sorbito de aire extra que reanime tu espíritu de lucha y reacciona porque ya no basta con indignarse.
martes 1 de noviembre de 2011
Si fuera tan fácil
Si fuera tan fácil hacerte feliz como lo es hacer reír a un niño, la vida sería maravillosa.
Si fuera tan fácil como invitarte a tomar un helado en una terraza, tan sencillo como dar un paseo y agarrarte la mano, tan simple como echarte una mirada de esas que me gusta echarte. Si así fuera, sería también el mundo un lugar en paz, el paraíso de la tolerancia y la convivencia.
Si fueran las cosas como deben ser, la justicia se quitaría la venda y sería parcial, subjetiva y tendenciosa. Lanzaría la balanza al aire y posaría la espada en el suelo porque no tendría necesidad de mantener alejada la presión sobre su sentencia.
Si fuera tan fácil confesar los te quiero, mantener las amistades y suplicar perdón por todos nuestros errores, no estaría yo escribiendo estas líneas ni pidiendo, como pido, un minuto más de tu tiempo y un pedacito (aunque pequeño esta vez) de tu paciencia.
Si fuera tan fácil como invitarte a tomar un helado en una terraza, tan sencillo como dar un paseo y agarrarte la mano, tan simple como echarte una mirada de esas que me gusta echarte. Si así fuera, sería también el mundo un lugar en paz, el paraíso de la tolerancia y la convivencia.
Si fueran las cosas como deben ser, la justicia se quitaría la venda y sería parcial, subjetiva y tendenciosa. Lanzaría la balanza al aire y posaría la espada en el suelo porque no tendría necesidad de mantener alejada la presión sobre su sentencia.
Si fuera tan fácil confesar los te quiero, mantener las amistades y suplicar perdón por todos nuestros errores, no estaría yo escribiendo estas líneas ni pidiendo, como pido, un minuto más de tu tiempo y un pedacito (aunque pequeño esta vez) de tu paciencia.
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Música,
Sobre la marcha
viernes 28 de octubre de 2011
Disculpas
Hola,
Me dirijo a vosotros para disculparme porque, por alguna razón que desconozco, Blogger no os lo está poniendo fácil con los comentarios. No sé por qué sucede esto, pero los comentarios efectuados desde teléfonos móviles dan problemas y muchas veces no llegan a aparecer (y eso, hoy en día con el uso masivo de smartphones, representa un problema). Esto del móvil lleva sucediendo un tiempo pero resulta que en la última semana yo misma he intentado comentar vía ordenador y no he podido tampoco.
De momento sólo alcanzo a pedir perdón pero intentaré solucionar el problema que tal vez pase por pasar por revisión los comentarios antes de ser publicados para evitar la entrada de virus u otras complicaciones.
Cualquier propuesta es admitida. Ya sabéis que si por esta vía no se puede, lachicadelatrenzapelirroja@gmail.com recibe emails.
Gracias por seguir ahí, aunque vuestros comentarios no vean la luz.
Laura
Me dirijo a vosotros para disculparme porque, por alguna razón que desconozco, Blogger no os lo está poniendo fácil con los comentarios. No sé por qué sucede esto, pero los comentarios efectuados desde teléfonos móviles dan problemas y muchas veces no llegan a aparecer (y eso, hoy en día con el uso masivo de smartphones, representa un problema). Esto del móvil lleva sucediendo un tiempo pero resulta que en la última semana yo misma he intentado comentar vía ordenador y no he podido tampoco.
De momento sólo alcanzo a pedir perdón pero intentaré solucionar el problema que tal vez pase por pasar por revisión los comentarios antes de ser publicados para evitar la entrada de virus u otras complicaciones.
Cualquier propuesta es admitida. Ya sabéis que si por esta vía no se puede, lachicadelatrenzapelirroja@gmail.com recibe emails.
Gracias por seguir ahí, aunque vuestros comentarios no vean la luz.
Laura
sábado 22 de octubre de 2011
Y si...
Si el amanecer llegase de pronto y nos sorprendiera desnudos, no cubras tu cuerpo con las sábanas de la vergüenza. Disfruta, sueña despierto, acaricia los reflejos cobrizos de mi pelo al sol del alba y aprovecha que estás despierto para saborear ese momento como si fuera el último. Como si fuera la última oportunidad que tienes de tocar la vida con la yema de tus dedos, de rozar tus labios con los de la felicidad, de dejar tras los cristales la nostalgia, el cansancio, la pena y el dolor.
Vive este día como si fuera el último, como si el futuro fuera un invento, como si el pasado no sirviera para nada más que para recordarnos los errores que no podemos repetir. Y si la vida te brinda una flor malva de primavera o una hoja de ese rojo otoñal que tanto te gusta, no la dejes caer al suelo. Guárdala como un tesoro, cuídala como a tu propio hijo y demuéstrate a ti mismo que vivir es soñar, desear, esperar con determinación y sin flaqueza que el mundo vaya siendo, poco a poco, un lugar mejor.
Vive este día como si fuera el último, como si el futuro fuera un invento, como si el pasado no sirviera para nada más que para recordarnos los errores que no podemos repetir. Y si la vida te brinda una flor malva de primavera o una hoja de ese rojo otoñal que tanto te gusta, no la dejes caer al suelo. Guárdala como un tesoro, cuídala como a tu propio hijo y demuéstrate a ti mismo que vivir es soñar, desear, esperar con determinación y sin flaqueza que el mundo vaya siendo, poco a poco, un lugar mejor.
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