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sábado, 24 de mayo de 2008

¿Cuándo dejé de ser niña?

El columpio abandonado (Pepa de Rivera)

¿Cuándo deja uno de ser niño? ¿En qué momento deja uno de soñar, de imaginar, de vivir en otra dimensión? No me he puesto metafísica, es que, el otro día tuve una revelación que cambió mi concepto de la cronología...


Sí, a lo mejor esto sucede en otros lugares, pero por aquí es la primera vez que se ve. No me parece mal pero sí me parece confuso. En ese parque infantil había unos chicos adolescentes columpiándose en unos enormes columpios y trepando por un amasijo de troncos de madera tamaño extra-large mientras yo paseaba tranquilamente. Eso fue antes de leer el letrero indicativo, pero yo asumí (inocente de mí) que así como aquellos muchachotes hacían uso de las instalaciones, yo misma podía usarlas de igual manera. Y allá que fui a columpiarme, y trepé un poco por los troncos y conocí un sistema moderno de subeibaja que no me convenció mucho, pero me lo pasé fenomenal aquel ratito hasta que descubrí el rótulo. No es que se me haya secado el cerebro ni nada por el estilo. Ya sé que no están hechos esos atractivos cacharros para mí, sino para los chicos mayores. Calculo yo, que de doce a dieciséis o así. Lo asumo, lo respeto, lo comprendo. Sin embargo, mi pequeño acto de delincuencia me ha hecho pensar mucho en la infancia y en los restos que de ella quedan en nuestros adultas vidas.

Por cuestiones generacionales es obvio que nuestra infancia ha sido más prolongada que la de nuestros progenitores, como lo fue la suya con respecto a la de sus padres. Es escalofriante pararse a pensar que a nuestra edad nuestros padres ya nos tenían a nosotros , y nuestros abuelos ya tenían más de uno. En cualquier caso, y sin ánimo de generalizar, que hay tantas historias como personas, la lectura que se puede extraer es que hacernos independientes nos cuesta más. Tenemos más miedo al fracaso y necesitamos una seguridad a la que difícilmente logramos acceder. Nos encanta soñar despiertos con las historias que suceden en nuestras películas, libros, series de televisión favoritas. Y esto no lo digo yo, lo dicen los psicólogos y lo llaman complejo de Peter Pan. Para bien o para mal, como escribió un poeta Somos los niños burbuja, el fin de la historia, x en ecuaciones. Soñando con contratos fijos, con libélulas que anhelan dulces besos que se esconden tras el brillo de las barras... Y sí, los que conocéis la canción, ya sabéis lo que dice. A los que no, se lo digo yo. Que los bares son nuestra isla de resistencia y tallamos en cubitos de hielo nuestro futuro y promesas. ¿Inmadurez? ¿Falta de expectativas? ¿Miedo a hacerse mayor?
Para todo aquel que no quiere abandonar al niño que lleva dentro. Para los que se suben a los columpios cuando nadie les ve. Para los que, como Peter Pan, no se quieren hacer mayores.

9 comentarios:

CarmenS dijo...

Es lógico que se amplien los periodos de infancia, adolescencia, juventud... vivimos muchos más años que nuestros antepasados, seguimos pareciendo jóvenes cuando en otras épocas la gente tenia nietos. ¿Qué hay de malo en estirar la infancia? Si las circunstancias son propicias, si no hay que encarar graves problemas, mejor es aprovecharse de las ventajas que se nos ofrecen. Porque las desventajas también las asumimos, querámoslo o no.

Anónimo dijo...

Buen síntoma. El deseo de prolongar la infancia ratifica la felicidad que ésta supuso. Si hubieras tenido una infancia desgraciada, huirías de ella a toda velocidad para hacerte mayor. El miedo, creo, tiene que ver más que con la inseguridad, con el temor a perder el paraíso...

Marcos dijo...

Siempre se debe ser un poco niño...

Ricard dijo...

Dejaste de ser niña cuando comenzaste a comportarte como adulta. Espero que eso aun no te haya sucedido!!!

Ma ha gustado tu post.
Un saludo
R.

Anónimo dijo...

¿Quien no lleva un niño interior? Creo que todos lo tenemos, eso sí, en unos estará más dormido que en otros. En mi caso, me encanta que algunas veces salga mi niña interior, y no creo que por ello se me pueda decir que soy menos adulta, no?

begoyrafa dijo...

Lo cierto es que nosotrso podemos elegir y ahí creo que radica la clave de todo este lío que es vivir. La generación de nuestros padres no tuvo elección, las circunstancias los llevaron a hacerse mayores demasiado pronto. Nosotros pudimos elegir,y algunos podemos permitirnos que una parte de nosotros siga habitando en el maravillosos territorio de la infancia. Benditos recuerdos cuando son buenos.
Un abrazo

DEMI MOORE dijo...

Quien no se ha subido a un columpio alguna vez aunque la edad no fuese la adecuada?Yo desde luego si y no me arrepiento.Lo que es cierto es que los niños de hoy en dia no piensan en subirse a los columpios para mayores de 12 si no en videoconsolas ect.Nosotros eramos diferentes sin duda mas divertidos!Un saludo a los de la generacion de los 70 y 80 y nunca perdais el niño que todos llevamos dentro.

Rodolfo Serrano dijo...

A mí me parece bien que nos refugiemos en la niñez y te lo digo yo que ya tengo una cierta edad...

Anónimo dijo...

Yo soy una que columpio que ve columpio que tiene que probar, me encanta balancearme, mientras subo la mirada y observo las nubes, las estrellas, la luna, me transporta a otro mundo a ese mundo que nada nos importaba, nuestro mayor problema era si se nos embarcaba el balón en el tejado de un vecino, o si no nos compraban ese juguete que tanto queriamos, creo que todos llevamos dentro nuestro pequeño Peter Pan. Yo me niego a sacarlo fuera de mi quiero seguir teniendo mi puntito de niñez. ;) Un besito.