Seguidores

viernes, 17 de abril de 2009

La maestra y el Principito (II). El Rey.

Parece ser que, sin querer, me he embarcado en una serie de posts relativos a El Principio de Saint- Exupéry. El motivo de esta serie no es otro que las experiencias de una maestra que conozco muy bien con sus alumnos en proyecto basado en este cuento infantil que es cualquier cosa menos infantil.




Iustración de Antoine de Saint-Exupéry. El Principito.

Los alumnos leen hoy el capítulo en el que el Principito comienza a viajar y el primer planeta que visita está habitado por un rey. Lo primero que muestra el rey al ver al Principito es su alegría por la llegada de un súbdito.

Los reyes siempre están igual, piensa la maestra. Su altiva posición les hace pensar que todos somos sus súbditos. ¿Quién le otorga el poder a los reyes? Los dioses, los dictadores. ¿Qué importa? La realidad nunca es tan absoluta como su mandato. No tienen de quien recibir órdenes pero sí a quien dárselas. Es el problema de ostentar un cargo en el que el mandato es una responsabilidad ineludible.
Los niños ríen con la paradójica forma de dar órdenes de un rey que, según el Principito es bueno, a pesar de ser absoluto y, como es bueno, da órdenes razonables. También les parece gracioso que sea un rey que no manda sobre nadie, un rey que no reina, después de todo.

Si yo ordenara -decía frecuentemente-, si yo ordenara a un general que se transformara en ave marina y el general no me obedeciese, la culpa no sería del general, sino mía".

La maestra reflexiona acerca de sus propias órdenes y el cumplimiento o no de las mismas por parte de sus alumnos. En sus años de dedicación a la enseñanza, tuvo que dar muchas órdenes que no siempre fueron obedecidas por los que las recibían. Lo fácil era creer que la desobediencia es una característica de la persona que recibe la orden y no la ejecuta aunque, en realidad, la desobediencia es una faceta que atañe más al que ordena que al que ha de acatar la orden. El mandato deja de ser efectivo en el momento en el que la orden no es razonable o asequible por parte de quien ha de cumplirla. Pero, ¿qué opinan los niños de esto?

Se lo pregunta y juntos reflexionan sobre ello. Los niños reconocen que no siempre los mandatos de los mayores son razonables y creen que muchas veces el abuso de autoridad conduce a los mayores a ordenar cosas que ellos desean ver cumplidas, sin tener en cuenta la capacidad de cumplirlas que tiene el que las recibe. Pero la maestra les hace pensar acerca de las órdenes a las que los niños someten a sus padres, profesores y demás autoridades. ¿No son acaso desproporcionadas y egoístas éstas?

A los niños, piensa la maestra tras la lección de hoy, hay que mostrarles también sus incoherencias, sus defectos, su falta de sensibilidad. Si no lo hacemos, ellos nunca lo verán por sí mismos, ya que su capacidad de autocrítica aún no se ha desarrollado, mientras que la de criticar lo ajeno es una práctica muy común a estas edades. Los adultos, en ese aspecto, corremos una suerte parecida. Nosotros sí tenemos capacidad de ser autocríticos pero no siempre lo somos. Y algunos de los que desempeñamos puestos de autoridad, tanto en el ámbito familiar o social como en el profesional, hemos de leer (o releer) este capítulo para darnos cuenta de que dar órdenes no es fácil, de que no todos los que te rodean son tus súbditos y de que, reinar sin tener sobre quien hacerlo hace perder la gracia a una dedicación que, aunque en principio puede parecer una perita en dulce, mal gestionada puede darte muchos problemas.

Dedicado a los jefes, a los que desempeñan puestos de autoridad en sus trabajos, a los reyes y reinas de sus casas, de sus aulas, etc; y a los que obedecen, a los que tienen jefe o jefes, a los súbditos. Porque todos somos reyes en algún palacio y súbditos en algún planeta.


11 comentarios:

Sil dijo...

...¨A los niños, piensa la maestra tras la lección de hoy, hay que mostrarles también sus incoherencias, sus defectos, su falta de sensibilidad. Si no lo hacemos, ellos nunca lo verán por sí mismos, ya que su capacidad de autocrítica aún no se ha desarrollado, mientras que la de criticar lo ajeno es una práctica muy común a estas edades....¨

AMÉN, CHICA DE LA TRENZA PELIRROJA, AMÉN.

ABRAZOS MILES (y felicitaciones por estas entregas...)

Selma dijo...

No pidamos lo imposible sino lo razonable..
Excelente idea...partir de esta novela todas edades para reflexionar...
Un beso.. Laura, Princesa Encantadora..

Anónimo dijo...

Bravo. Espectacular reflexión sobre ese tema...Me ha encantando.
Besos. Lara.

Marcelo dijo...

Me he leído las dos entradas de un tirón, y me dije que los alumnos de esa maestra son afortunados, porque no sólo les enseña a pensar. También estimula la imaginación, y además les enseña a ser responsables. Qué más se le puede pedir a una maestra? Nada, solamente debiéramos recordar que los primeros educadores de un niño son sus padres. La otra vez escuhé a una mamá quejarse porque sus niños llegaban con tareas para el hogar pese a tratarse de un doble turno. Yo creo que en el fondo también hubiera preferido que lleguen cenados, bañados y cansados. Incluso no vería de mal agrado que durmieran en el colegio.
Bravo Laura!

Sil dijo...

LAURITA NECESITO TU VOTO EN UNO DE MIS POST ( TE ANIMÁS A VOTAR) por favor, es valioso tu voto para mi.
BESOS , CHICA DE LA TRENZA PELIRROJA.

Miriam dijo...

Estas entradas Laura tienen una riqueza muy grande. Sé que quizá no lo creas, pero todos volvemos a ser niños y a pensar con lo que nos queda de niños...
Los paralelismos que haces entre el libro y la vida son geniales. Que bueno estar en esta clase!!
Gracias Seño!!
Besos

Cecilia dijo...

Enseñar a los niños a pensar, a debatir, a tomar posición respecto a un tema... Me parece muy pedagógico y muy fructífero para los críos.
Además el tema es interesante. Muchos adultos deberían preguntárselo: Cuándo las órdenes atentan contra la diginidad, contra las buenas leyes, contra la ética ciudadana ¿hay que cumplirlas?
Es una pregunta que me surge leyendo la prensa. ¿Han cumplido su deber los que, por ejemplo, han torturado a los presos transgrediendo la legislación internacional? ¿Los que cumplen los caprichos de un dictador, saltándose las mínimas normas democráticas? ¿Los periodistas que escriben con parcialidad según las directrices de su medio de comunicación? ¿Los que engañan para vender un producto en el mercado?
El tema da mucho de sí.

angela dijo...

Laura, se de muchos niños que este libro a marcado su infancia y lo recuerdan con mucho cariño entre ell@s yo. Lo leía con entusiamo con cariño con imaginación...pero, reconozco que si tuviera entonces alguien que me hiciese razonar sería mucho mejor.Gracias por tu comentario .Que tengas una excelente semana.Un abrazo Angela

Dara Scully dijo...

Hay personas que no saben ser reyes, y otras que no saben ser súbditos. Pero todos, en algún momento, pasamos por ambas posiciones. Y a mí que me gustaría no pasar por ninguna nunca...


un miau grande, señorita pelirroja.
Pd: hoy Anouk lleva una trenza, aunque castaña.

Alatriste dijo...

¡Hola!
¿Cómo estas? ¿Cómo va todo?
Me acordé hoy de ti y por eso me perdí un ratito entre tus palabras. Veo que sigues en plena forma.
Un abrazo desde mi humilde desván y felicidades por tus escritos. A ver si saco un poco más de tiempo, pues últimamente estoy bastante agobiado, pero ya ves que no me olvido de ti.
Hasta pronto.

Marcos dijo...

Realmente es una buena reflexión y por lo que veo con ese libro se puede extraer muchas.

Desde luego que es una buena manera de hacer pensar a sus alumnos, buena profesora, sin duda...

PD: buena canción, adecuada al post, como siempre...