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domingo, 12 de abril de 2009

El Principito y la maestra (I). Bandadas de gorriones.

La maestra agarra su silla y la coloca en medio del aula de forma que todos puedan escucharla y verla bien y ella, al mismo tiempo pueda verlos y escucharlos a ellos. Se trata de un grupo complicado, según todos sus compañeros. Son inquietos, de atención dispersa y poco reflexivos. Son quizá, inmaduros para el nivel en el que están y su capacidad de razonar es limitada o nula, en algunos casos. Cursan Tercero de Primaria y asisten cinco horas diarias al colegio donde cursan ocho áreas de conocimiento que se dividen en sesiones de una hora. No pueden correr por los pasillos de la planta en la que está situada su aula, justo al final. Suben cada día en fila por el lado de la barandilla y sin hacer demasiado ruido. El timbre suena a las nueve y media pero algunos de ellos llevan en el centro desde las ocho y algunos comen allí y la mayoría tiene actividades extraescolares por la tarde. El ordenador de aula está siempre encendido y les proporciona diccionarios, música, juegos, actividades. Ritmos frenéticos, mucha información de fácil acceso, muchos estímulos para unos cerebros en pleno desarrollo. Los ojos de estos niños no tienen legañas y la maestra lo sabe. Están muy despiertos , muy bien alimentados, bañados, peinados y perfectamente vestidos.


La maestra se sienta y les mira. Todos la observan y han visto que sostiene un libro en sus manos. Es pequeño, parece ligero, de poco grosor. Es un cuento, piensan ellos. Pero ella no les lee. Lo abre y les enseña un dibujo. No tiene demasiados colores, ni formas extraordinarias.






-¿Que veis? -pregunta.


- ¡Un niño! ¡Pájaros! -responden.


- ¿Qué hace? -insiste.


- ¡Volar!


-¿Volar? -dice dudando la maestra.


- Huye, dice una vocecilla.


Todos miran de nuevo la ilustración y corean ¡Huye! ¡Huye! ¡Está escapando!


- ¿Alguna vez habéis tenido ganas de huir?

- Muchas -dicen.

- ¿Ah, sí? ¿Adónde?

- No sé -responde una niña-. Al espacio.

- A otro mundo -aporta su compañero de al lado.

A la una suena el timbre y la maestra conduce para ir a casa. Por el camino piensa que los tiempos cambian, las sociedades evolucionan, el mundo cada vez está más loco y todos somos parte responsable de la velocidad a la que vivimos y hacemos vivir a los niños. Pero los niños, ayer, hoy y siempre tuvieron, tienen y tendrán el poder de huir. El Principito aprovechó una migración de pájaros para huir de su planeta, de las continuas exigencias de una flor ingrata, de la dureza de la tarea de limpiar cada día sus tres volcanes, de la lucha eterna contra las raíces de unos baobabs que nunca dejaban de crecer.
Los niños vuelan con su imaginación, huyen de las responsabilidades. Sólo buscan saciar su sed de curiosidad, como el Principito.
Los mayores somos tontos, piensa. No sabemos huir. Nos consumen las responsabilidades, las obligaciones, el qué dirán. No siempre tenemos la valentía de atar nuestras muñecas a una bandada de gorriones.

Ilustración de Antoine de Saint-Exupéry en El Principito.



12 comentarios:

ANABEL dijo...

Me encantó tu reflexión. Es muy acertada, tristemente acertada.
Besos

Sil dijo...

A veces somos tontos.
A veces tenemos anclas que no nos permiten asirnos a una bandada de gorriones.
A veces, nos pasamos la vida esperando la bandada de gorriones, y no llega.

PRECIOSO RELATO, me deja un halo de tristeza, pero corre por mi exclusiva cuenta.

BESOS MILES

Cecilia Alameda Sol dijo...

¿Esos niños quieren huir? Supongo que a causa de las excesivas responsabilidades, por tanta actividad y tanta exigencia. Lo malo es que no estoy segura de que siempre consigan librarse de sus ataduras y volar. No todos, por lo menos.

Miriam dijo...

Si Laura querida, muchos adultos olvidan la posibilidad de huir. Quizá no tan abiertamente, pero si poder huir con la imaginación... tratar de cerrar los ojos e imaginar lo que querramos para poder huir de la realida aunque sea por algunos minutos...
No perdamos esa capacidad, no perdamos la posibilidad de perdernos en el ensueño...
Besos

brujaroja dijo...

La huida, siempre huir. Qué enorme tentación, aunque seamos tan mayores.
Besos, chicadelatrenzapelirroja

Selma dijo...

.. Y ni los gorriones son ya lo que eran...
Nuestras ansias de huir, sí, esas no cambian, pero por lo que sea nos limitamos a hacerlo cerrando los ojos, sin movernos...

Besos Laura, muchos...

krys dijo...

Vaya, lo releí hace poco el libro... y me di cuenta que de pequeña lo había entendido distinto. Y una vez has crecido y lo relees te das cuenta de muchas cosas, como lo que comentas en tu relato.
Qué listos son los niños!

un saludo!

Roberto dijo...

Nos dicen que maduremos, que seamos responsables con la rutina que nos imponen...y que dejemos de imaginar..y yo les digo que "y una mierda"...

nuestra capacidad de soñar intacta, no van a poder con nosotros...

me encantó tu post, de verdad.

un beso

begoyrafa dijo...

Qué distintos y qué aprecidos son este post y el de Brujaroja. Los dos nos hablan de huidas, aunque uno es hacia dentro y otro nos invita a volar.
Esos niños tienen suerte de tener una maestra que los invite a pensar.
Un abrazo
Rafa

Alatriste dijo...

Un eterno referente El principito. Debería de ser lectura obligatoria en las escuelas. Enseña muchísimo y está lleno de sabias lecciones. Me gustó tu reflexión. Los niños son el futuro. Siempre lo son. Espero que estés muy bien, muchacha y que tuvieras una buena Semana Santa. Un besazo. Hasta pronto.

Marcos dijo...

Un post muy interesante. Ya me dejarás ese libro a ver que tal...

K@ri.- dijo...

Increible! hermosa reflexion....real... y una tremenda cancion....y un bello libro... que ya nose cuantas veces lei!
me diste un sacudon!
muchos besos Lauri.