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lunes, 5 de octubre de 2009

El vendedor de granizados (I)

Aunque ya no era una niña, a Alba le encantaban las fiestas de su ciudad y no se perdía nunca una visita a la feria. Aquel año se sorprendió de la llegada de un nuevo puesto que por sencillo, llamó su atención. El puesto ofrecía granizados de limón, de naranja, de fresa, de café, y también zumos de frutas exóticas. los favoritos de Alba eran los granizados de limón y ansiaba la llegada del verano para empezar a degustar este agridulce refresco. Cuando se acercó, le sorprendió ver que era el único puesto de la feria que no tenía una larga cola de espera, lo cual le hizo dudar de la calidad de lo allí servido. Observó cómo el dueño del puesto, preparaba un vaso a la señora que iba delante de ella y concluyó que aquel hombre ponía un especial esmero en su tarea. Se preguntó si sería tan minucioso en la elaboración del granizado como lo era en el despacho del mismo y recordó con nostalgia los que se toman en tierras calurosas del mediterráneo que, hasta la fecha, eran los mejores que ella había tenido el placer de degustar.

Cuando llegó su turno, Raúl, el feriante, se tomó la misma calma en servir y Alba le observó como aquél que espera que se haga fuego de la nada. Mientras lo hacía verter, la miró a los ojos y sonrió, como le hacía a todos sus clientes. Pero esta vez, el contacto con los ojos de Alba cortó la sonrisa de Raúl y su boca se tornó seria y su mirada, distante. Al darse cuenta de lo feo de su gesto, lo enmendó contándole a la chica que tenía un secreto para hacer el mejor granizado, sabiendo que, de alguna manera, ella iba a apreciar la explicación, pues, lejos de sentirse ofendida, se mostró realmente interesada al tiempo que degustaba el delicioso néctar.
Tan pronto Alba se marchó, despidiéndose con un "Hasta mañana", el feriante se afanó en sacar su cartera del bolsillo y, tras revolver en un montón de papeles y facturas, descubrió una foto de una niña que tenía la sonrisa como ella y miraba a la cámara con la misma mirada curiosa con la que ella le miró mientras contaba su historia.

Ya de madrugada, al volver a la carvana en la que estaba instalado, las lágrimas brotaron cargadas de recuerdos. Recuerdos de aquel verano de los ochenta, cuando él era apenas un adolescente que venía a esta feria con el puesto de granizados y zumos que regentaban sus padres. Recuerdos de aquella chica tan linda de la que se enamoró, que venía de un barrio residencial sólo para beber los granizados que preparaban sus padres y besarse con él a escondidas en la parte de atrás del puesto. Recuerdos de los poemas que la escribió de madrugada para que ella siempre tuviera algo bonito que leer al día siguiente. Recuerdos de la tibieza de la arena de la playa donde hicieron el amor, huyendo de los prejuicios de los mayores. Recuerdos de la paliza que el padre de ella le propinó cuando les sorprendió despidiéndose al lado de su casa y de cómo le insultaba diciéndole que jamás aspirara a estar con una mujer como su hija. Recuerdos de no haberla vuelto a ver. De no haber vuelto a esta ciudad fría y húmeda que aún se le clavaba en los huesos y en el corazón....

CONTINUARÁ

NOTA: Desde La chica de la trenza pelirroja, nos sumamos a la tristeza que ha provocado la muerte de Mercedes Sosa.

7 comentarios:

Ryoga dijo...

que gran relato,como siempre son geniales.ya espero la segunda parte de este

Brujaroja dijo...

Ainnnsss....
que lo veo venir, madremía...

Alatriste dijo...

Sirva tu historia como homenaje a tan excepcional dama de la canción. Me gustó tu narración. Espero la siguiente parte. ¿Cómo estás? Confío en que bien. Besos.

Laura dijo...

Previsible es a tope, pero es que me prometí publicar con frecuencia y no llego, no llego. Algo hay que escribir...

Besitos

Marcos dijo...

Bonita historia la que cuentas. De un amor de los 80 que es recordado por uno de los protagonistas tras ver una sonrisa que le recordaba a su amor pasado.

Respecto a si es previsible el final, quien sabe el giro inesperado que puede dar en la segunda parte.

Conociendo a la chica de la trenza pelirroja...

Miriam dijo...

Veremos si el continuará es como creemos que será...
Aquí hay luto nacional, y con toda razón... ella se fue pero su voz se escucha en cada rincón y ahora mas que nunca!
Besos

Anónimo dijo...

Una historia quizá previsible, pero no por ello menos buena.

Te animo a seguir escribiendo.