VACACIONES

Publicado por Laura en
La chica de la trenza pelirroja se toma unos días de descanso tras una intensa época de ocupaciones que no le ha permitido seguir a sus blogs amigos ni atender el suyo propio como a ella le hubiera gustado.

Cuando las pilas estén cargadas, regresaremos con más temas de actualidad y pequeños relatos. Prometemos más y mejor dedicación a la vuelta.

Hasta entonces, nos despedimos con un beso enorme y os dejamos con la compañía de la música, que ha sido, es y será siempre una parte importante de este blog.



New England

Publicado por Laura en

-Bien, Señorita Cooper...
El señor Rodgers miraba con detenimiento y escaneaba cada línea del currículum de Elinor Cooper intentando detectar la manera de ponerla en un aprieto y decidir si era o no apta para el puesto. Se había planteado que le ocurriera lo que precisamente esa mañana de otoño le estaba pasando, pero hasta que no se tuvo que enfrentar a ello, no se percató del peligro real que suponía que aquellos ojos fijos le sostuvieran la mirada durante tanto tiempo y aquellos labios sensualmente carnosos contestaran con precisión cada una de sus felinas preguntas de entrevistador. Sabía que su recién otorgado cargo de director del Departamento de Recursos Humanos acarreaba el peso de las entrevistas más importantes y la decisión recaía casi en exclusiva sobre él, pero nunca antes tuvo que aplacar sus primarios instintos para no saltarse las rígidas normas de la compañía y contratar a esa mujer por el solo hecho de poder disfrutar a diario de su compañía, oler su perfume afrutado cuando la encontrara en el ascensor y disfrutar charlando con ella a la hora del café.
- Según su currículum y la carta de recomendación de su empresa, es usted una experta en estadística computacional y se ajusta perfectamente a las características de la vacante ofertada por nuestra compañía. Además, sus estudios de doctorado indican una...
Al tiempo que exponía razones que justificaban más que de sobra la contratación de la candidata, Sean Rodgers sabía que no estaba siendo lo objetivo y escrupuloso que de él se esperaba. Siempre fue un niño prodigio, un as en los estudios y un crack en su profesión. Su inteligencia, acompañada de una gran intuición y sentido de la justicia le hicieron ascender pronto y alcanzar, a su corta edad, un puesto de responsabilidad.
Tal vez no esté preparado para esta responsabilidad, se dijo tratando de excusar su pueril comportamiento.
Supuso que para terminar dignamente la entrevista debía concluirla cuanto antes y soltó un comentario que encerraba una pregunta interesante mientras hacía que se fijaba en el lugar de origen de Elinor Cooper.
- ¿Y qué le trae por Southampton a una chica de Nueva Inglaterra? Mientras formulaba la pregunta, a su cabeza se venían los acordes de una canción que sus padres escuchaban en el tocadiscos cuando él era pequeño y que decía algo como Sweet New England.
Elinor le sonrió con complicidad, relajándose por primera vez desde que entró por la puerta la compañía y tomó el ascensor para acudir al despacho de Rodgers.
-¿Buscando tus orígenes?, continuó Rodgers riendo su propia gracia y sintiéndose esta vez más ridículo que nunca, lo que le llevó a pensar que quizá no fue una buena idea romper el hielo y dejar de ser un hierático entrevistador. La canción era de Simon & Garfunkel, ¿no?, pensaba sin poder detener los compases en su cabeza.

Elinor respondió con simpleza que sus orígenes, en todo caso, eran irlandeses y le soltó una frase cliché del tipo Me apetece vivir en Europa, viajar y disfrutar de la cultura del viejo continente para contestar a su pregunta.

La entrevista concluyó con éxito y dos semanas después Elinor Cooper fue contratada por la empresa. Cuando coincidían en el ascensor, Sean podía respirar de cerca su perfume y descubrir que el afrutado olor que la caracterizaba y la hacía irresistiblemente atractiva provenía también de su cabello. A la hora del café, Sean y Elinor charlaban junto a otros compañeros, mientras a él le seguían viniendo a la mente los acordes de la canción de su infancia cada vez que pensaba en ella o la veía. Era de Paul Simon, definitivamente.

Casi nunca coincidían a la hora de la salida, pues las responsabilidades del puesto de Rodgers le obligaban a permanecer más tiempo en la oficina. Un día, al bajar al parking vio a una mujer encerrada en su coche llorando. Era Elinor, sin duda. Se acercó para comprobarlo y tocó con los nudillos la ventanilla para que ella la abriera. Al ser descubierta, Elinor se secó las lágrimas y trató de recobrar la compostura. Arrancó el motor avergonzada y salió a trompicones de la plaza. Habían pasado varias semanas desde que se instaló en la ciudad, pero aún no le había cogido el punto a los coches europeos. Algo le dijo que se detuviera y bajó la ventanilla despacio mientras se disculpaba por llorar como una idiota al escuchar una canción de su infancia. Sean sonrió al comprobar que la canción que ella escuchaba era la misma que rondaba una y otra vez su cabeza desde que la conoció. Se miraron un instante y la risa les invadió sin razón aparente.
-Anda, sube al coche. Elinor invitó a su jefe dando un suave golpecito al asiento vacío de su izquierda al tiempo que se mordía con picardía el labio.- Tienes que enseñarme a manejar estos trastos europeos por la izquierda.

SECRETO

Publicado por Laura en

Te observo mientras inclinas el vaso e ingieres las gotas de ron que pronto navegarán por tus venas y conquistarán tus neuronas para teñir de rojo el blanco de tus ojos.

Te observo y disimulo la envidia que me da el líquido que bebes a sorbos lentos, el elixir que paladeas antes de tragarlo y hacerlo tuyo para siempre.

Te observo y cuando te das cuenta, cuentas hasta tres y miras al techo antes de girarte para encontrarte con mis ojos durante un instante tan leve que sólo te sirve para desear que te vuelva a mirar y volverme a encontrar, esta vez, por un instante más largo en el que nos diremos sin palabras lo mucho que nos deseamos en la oscuridad de los bares que transitamos.

Me observas cuando poso mis labios sobre el botellín de cerveza y después de dar un trago, recojo con mi lengua los restos de espuma que se quedan depositados.

Me observas cuando hablo con mis compañeras de trabajo, cuando beso a nuestros amigos y les sonrío con picardía.

Me observas y disimulas las ganas de secuestrarme y salir corriendo conmigo en brazos sin pensar en las consecuencias, sin censurar tus deseos de tenerme cerca y de que las cosas sean de otra manera.

Nos miramos desde los extremos opuestos en los que están tu mundo y el mío y, aun sabiendo que basta con extender una mano valiente para unirnos y que la cobardía es asunto de los hombres y no de los amantes, ambos sabemos que nunca romperemos la barrera que nos hace ser hombre y mujer, ni renunciaremos a la independencia que nos confiere esta limitada libertad.

Y mientras nos observamos, nuestra relación se convierte en una cárcel de oro que transformamos en el himno que entonamos cuando necesitamos, como todos los que se aman en silencio, confesarnos al oído y en voz muy bajita que nos queremos.


Tal vez

Publicado por Laura en

Dame tu mano hoy sin falta, que me urge más que nunca la huida que tantas veces planeamos. ¿Recuerdas cuando jugábamos a reconocer formas en las nubes mientras yo apoyaba la cabeza en la bolsa y tú en la arena? Me parece que fue antes de ayer. Tal vez lo fue.

Rescátame y arranca el motor del futuro, que te prometo que no pienso volver la vista atrás. ¿Recuerdas los tiempos en los que nos reíamos poniéndole muecas al espejo y a la cámara del móvil? Me pareció que fue hace poco. Tal vez lo fue. Ven cuando quieras. De noche, de día.

Despiértame si estoy soñando, libérame de ese mundo ficticio creado porque mi imaginación necesita explicarle a mi razón que la vida no puede ser sólo un cúmulo de normas que cumplir. No te acordarás...no creo. O tal vez sí. ¿Recuerdas cuando le dabas caladas esporádicas a mis cigarros e inclinabas la cabeza para expulsar el humo por la ventanilla del coche? Hoy me parece que no ha pasado tanto tiempo. Y tal vez no pasó tanto tiempo ni tantas cosas después de todo.
Tal vez, pasados los días, los meses y los años seguimos siendo los mismos principitos, filosofando hasta de lo más simple.

Tal vez sigamos yendo juntos a los mismos lugares y nos lo pasemos igual de bien aburriéndonos juntos. Tal vez con el tiempo, nada haya cambiado, aunque cada día un milímetro de arruga surque mi piel pecosa y el gris apague dos o tres de tus negros cabellos.


Tal vez todo siga igual, con la diferencia de que yo ya no fumo y tú ya no tienes ese coche.