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lunes, 28 de septiembre de 2009

¿He hablado ya de la tele?

¿He hablado ya de la tele? Seguro que sí. Ni me voy a molestar en mirarlo en los archivos del blog porque también puede ser que haya hecho comentarios en los blogs que visito cuando han sacado el tema y me esté confundiendo. Y si he hablado ya de la tele, pues me repito, porque la cosa se está poniendo muy malita.

Miedo me da parecerme a mi octogenario abuelo, pero he de decir que la tele es una mierda. La cuestión es que es una mierda que todos vemos. Unos más, otros menos, pero todos caemos en su red de araña pegajosa que nos atrapa y nos engulle poco a poco hasta que nos deja seco el cerebro y nos inhibe la capacidad de razonar y de distinguir realidad y ficción.

Ante una situación como la anteriormente expuesta, como potenciales presas, hemos de actuar siempre desde la inteligencia. Esto no siempre es fácil pero debemos estar alerta y recordar que siempre que nos sentemos y encendamos la pantalla, nosotros mandamos, nosotros decidimos lo que queremos ver con todas las consecuencias. Este blog se ofrece de forma altruista, sin ánimo de lucro, a aconsejar a los televidentes que así lo deseen acerca de cómo enfrentarse al temido depredador.


En primer lugar, el telespectador ha de tener algo en mente. Por imposible que pueda parecer, por raro o extraño que se les haga, siempre y digo siempre hay un programa mejor que Sálvame. Lo sé, lo sé... Cabe pensar que no hay divertimento mejor ni humor más inteligente que el de Kiko (Gran Hermano) lanzándole una tarta a Lydia Lozano (la que dio por viva a la hija de Albano), mientras Belén Esteban (afamada diabética) devora una bandeja de pasteles. Lo entiendo, pero en serio les digo que la cosa puede y, de hecho, va a empeorar cuando Karmele (la de Karmele y Mariñas) se tumbe con Jorge Javier (ex-pelotilla de culo de Ana Rosa) en el suelo y finjan copular mientras se introducen juguetes eróticos por sus partes.


En segundo lugar y habiendo quedado claro el primer punto tratado, nunca y digo nunca, busque refugio en los brazos de Mamá Antena3. Por lo que más quieran, no se dejen embelesar por su mirada amable y un tono algo más sutil que el de la cadena italiana. Lobos con piel de cordero, se lo digo yo. En dos minutos dejarán de ser unos viciosos para convertirse en unos fachas. Así como se lo digo. Para eso, les ahorro el engaño y les envío directamente a ver Intereconomía, Popular TV, Telemadrid o algo de ese pelo, cuyo resultado final será el mismo, evitando los cansinos, a la par que machistas, telediarios de Matías Prats y algún insufrible partido de fútbol de cuando en cuando. ¿Nos se les ponen los pelos de punta cuando oyen aquello de Territorio Champions? Sí, lo sé, a mí también me pasa.


Si ustedes son de los que encienden el televisor para ver series o cine, éste es el punto que más les va a interesar y vamos a ser muy breves para hacérselo fácil: apaguen el televisor y enciendan el ordenador.
A buen entendedor, pocas palabras bastan. Pero, por si no ha quedado claro, lo que venimos a exponer es que se bajen las series de Internet o se las vean en las webs de las cadenas de televisión sin anuncios desde el día siguiente a la emisión. Y en cuanto a las pelis, qué decir que no sepan ya. Cuatro palabras clave: EN LA SEXTA ¡NO! En la Sexta, eso sí, se pueden montar su propia película si les gustan las mujeres porque, al césar lo que es del césar; abundan y están todas buenas.


Deportes... Ya he dado con usted, querido expectador. El que sólo ve la tele para ponerse al día en deportes. ¡Pues vea Teledeporte, leñe, que pa' eso está! ¡No cometa el error de ver los deportes de Cuatro! Ah, que le gustan los deportes de Cuatro... ¡Pues no sea mentiroso! A usted lo que le gusta es el cotilleo. Que si Laporta dijo esto, que si Florentino lo otro. Que le hemos leído los labios a Guardiola, que hemos juntado a dos hermanos que hoy se enfrentan en un encuentro... Y anda que la cara que puso Cristiano Ronaldo cuando fue sustituido, todo un poema, chico. Todo un poema. ¿Eso es deporte? Venga dios y lo vea.


Yo, ante la duda, me quedo con Wyoming. Y lo que he dicho antes lo sé porque en Cantabria las clases de Infantil y Primaria por la tarde, no empiezan hasta octubre.
Luego se me pasa, lo prometo.



PD: a los que siguen este blog desde fuera de España y/o de su radio de acción televisiva, seguro que no les cuesta establecer una analogía con la televisión de su territorio y contárnoslo. Feel free, guys!

viernes, 18 de septiembre de 2009

Mujer hoy

En vista de que el otoño ya se siente en la temperatura y la duración de los días, esta remolona chica trenzada ha de ponerse las pilas y comenzar a escribir con más regularidad, que se está mostrando muy perezosa últimamente y ya hay voces que, emulando al mítico Lázaro, le piden que se levante y ande. El problema es que arrancar es difícil y la inspiración debe de haberse ido a un clima más tropical porque todavía no siente que el frío ya cala por las noches y que las gafas de sol están perdiendo posiciones en favor de un paraguas que gotea cada vez más. Por eso, la vuelta está siendo dura, escalonada y lenta, muy lenta. Sospechosamente lenta ya que casi casi me ha empezado a preocupar que la pelirroja no se haya puesto manos a la obra de una vez y publique con la regularidad esperada. Bueno, esperemos que poco a poco nos vayamos poniendo en forma y la actualidad comience a regalarnos imágenes de esas que a una le dan ganas de escribir, como la que a continuación podéis ver:



Se trata de la tenista Kim Clijsters, que la semana pasada se proclamaba ganadora del US Open y que llamaba mi atención y la de los medios porque lo celebró en la pista en compañía de su hija, Jada, que posaba pizpireta junto a su orgullosa mamá. La tenista ha estado retirada por un periodo de dos años, en el cual fue madre y perdió un lugar en el ranking de la ATP, que ha recuperado con el primer puesto tras la victoria es este prestigioso torneo.


Para mí este acontecimiento tiene una lectura mucho más profunda que la meramente deportiva. Esta mujer representa a muchas mujeres de su generación (y de otras anteriores que lo tuvieron incluso más complicado) que demuestran que compatibilizar la vida personal y la laboral no es fácil, que por intentar ser una buena profesional y una buena madre reciben críticas de sus compañeros, de sus familiares y, lo peor, que acaban sintiéndose culpables y renuncian a una de las dos facetas por desarrollarse plenamente en la otra, creyendo imposible el reto de afrontar ambas.


El caso que nos sirve de trampolín para tratar esta temática, el de Clijsters, lo protagoniza una deportista, con lo que el nivel de incompatibilidad entre el embarazo y el desarrollo profesional aumenta y abre un debate paralelo a ese otro debate social que nos traemos entre manos.

Los tiempos han cambiado y pocas son las mujeres que desean o eligen dedicarse al cuidado de la casa y de los hijos en exclusiva. Es más, ésta ya no es tanto una cuestión de desear o de escoger, sino una obligación por tener éstas una formación académica superior a la de antaño, unas inquietudes profesionales que poner en práctica y una necesidad moral y práctica de aportar dinero a la unidad familiar.
En un tiempo en el que las tareas del hogar tienden a ser compartidas entre hombres y mujeres, en el que hay muchas parejas formadas por personas del mismo sexo, en el que la vida profesional con sus ventajas e inconvenientes atañe a ambas partes, es la naturaleza la que nos recuerda que en cuestión de embarazos, las mujeres tenemos la exclusividad. Que parimos, que damos de mamar a nuestros bebés y que -y esto no es exclusivo pero empiezo a creer que sí es genérico-, llevamos el peso de la crianza, de la educación y del bienestar de nuestros hijos. Con esto no pretendo polemizar ni comenzar un debate al estilo "quién pone más", más bien me limito a transmitir un sentir muy extendido entre las mujeres. Muchas, incluso, llegan a afirmar que la mujer está actualmente más explotada que antes porque ha de ocuparse igualmente del hogar y de los hijos además de salir a trabajar fuera de casa.


Aprovecho pues, para pedir vuestra opinión al respecto de este tema del que parece inevitable hablar sin parecer sexista, opinar sin encontrarte con una polémica y que, sin duda, da aún mucho juego para el intercambio de visiones y experiencias.
Como veis, La chica de la trenza pelirroja no sólo vuelve poco a poco, sino que encima os pone deberes...

miércoles, 2 de septiembre de 2009

No me ames más, ámame mejor.

Era el día de su cumpleaños. Se levantó acompañada de la melancolía de cumplir años y sentir las ganas de amarrar el tiempo con un lazo de seda para que no se escape. Presionó el botón de la cafetera y se dirigió al tocadiscos. Pinchó Rubber Soul de los Beatles.
Un pinchazo agudo en la sien le recordó la fiesta sorpresa de la noche anterior y la razón por la que no debía haberse levantado tan temprano. El olor a café activó una leve gana de recoger y fregar los restos de la cena, del champán, de la tarta, mientras el tocadiscos hacía sonar Nowhere Man.
Mientras se servía el café, recibió un mensaje de texto en su teléfono. Mi regalo será amarte más y más cada día de este nuevo año de tu vida. Feliz día de tu cumpleaños. Recordó que él, al contrario que ella, que se encontarba de vacaciones, tenía que madrugar para ir a trabajar y que anoche se había quedado hasta el final de la fiesta. Recordó vagamente cómo la desnudó y la acostó delicadamente cuando su ebria voluntad no le permitía hacerlo autónomamente. Recordó el sonido de la ducha muy temprano y cogió el móvil. Gracias. Lo siento, pero no puedo quedar para comer como dijimos. No tengo fuerzas...ni estómago. Ven a casa, prepararé algo.

En la ducha, cantó Michelle acompañando al tocadiscos. Desempañó el espejo del baño con la toalla y buscó una nueva cana en su pelo mientras se lo desenredaba. La alarma del horno la avisó de que la pasta ya estaba gratinada.
Él entró despacio mientras ella sacaba la fuente del horno y la ponía con cuidado sobre la vitrocerámica. La observó desde el recibidor mientras se desprendía de las llaves y aflojaba el nudo de su corbata. Estaba tan hermosa con su pelo ondulado humedeciendo el camisón que la cubría que no pudo resistir la tentación de sorprenderla y abrazarla por detrás, depositando un cálido beso en su cuello, que sabía, tal y como él esperaba, a colonia de bebé. Deja eso y ven conmigo a la cama. Ella sonrió con falsa timidez y se dejó arrastrar por él al dormitorio.
La tumbó sobre las sábanas revueltas y besó su frente, su nariz y su barbilla.
Así que éste es mi regalo, ¿no? Inquirió con picardía mientras le desataba con cadencia los botones la camisa.
Él mordió el tirante de su camisón y lo hizo descender sobre su brazo. Rozó con sus labios el hombro de ella y confesó.
He cambiado de opinión. He pensado que no te amaré más cada día. Te amaré cada día mejor.