
Ayer por la mañana, cuando mis párpados aun luchaban por despegarse, la radio - que para entonces, cómo no, ya me acompañaba- anunció algo que me pareció importante. El juez Garzón ha pedido un informe al Gobierno acerca de los desaparecidos desde que dio comienzo el golpe de estado del 36 y hasta el final del régimen dictatorial de Franco, para determinar si es necesaria una actuación jurídica ante tales hechos, denunciados hasta la saciedad por las asociaciones de Recuperación de la Memoria Histórica. Muchas mañanas, demasiadas en realidad, me despiertan noticias atroces teñidas de muerte y desastre. Ayer, que me desperté con ésta, la única palabra que se me ocurría era "JUSTICIA". Por fin, justicia. Justicia para cientos de familias que vieron desaparecer a uno de sus miembros (cuando no a más de uno) y que no volvieron a saber de él o de ella. Huérfanos sin tumba a la que acudir, sin razón para explicarles a sus hijos por qué murió su abuelo o su abuela. Pueden pensar que lo mataron en un paredón, que lo llevaron a prisión, pero lo único que tristemente pueden afirmar con rotundidad, es que desparecieron. Hijos que no dejan de preguntarse qué ocurrió y que no cesan su búsqueda nunca. Los desparecidos son la más vergonzosa incógnita que se sobreviene de todos los regímenes dictatoriales. Véase el caso de los desparecidos por la dictadura argentina y sus madres, ya abuelas de la Plaza de Mayo, cuya incansable lucha parece dar resultados muchos años después.

Digo justicia porque qué puede haber peor que la incertidumbre del no saber. De la paciencia de vivir esperando la más mínima posibilidad de que siguieran vivos o de saber, al menos, dónde y cómo murieron. Lo único que saben, lo que todos sabemos, es quién y cómo se los llevó. Todo lo que rodea a una guerra injusta y despiadada y a cuarenta años de dictadura es cruel, pero sólo hay que ponerse en la piel de las víctimas de las desapariciones para saber que, además, puede resultar desesperante.
Tarde, dirán algunos. Puede parecerlo, pero nunca es tarde para hacer justicia y para hacer agachar su cabeza a quien tiene la sangre fría de afirmar que fue una etapa de extraordinaria placidez (Supongo que para el que lo dijo y los suyos lo sería, como se quitaban de encima a los que no pensaban como ellos...). Otros dirán que demasiado pronto, que todavía hay testimonios que se pueden escuchar en primera persona y que pueden subirle los colores a más de uno, como poco.
Cuanto antes, pienso yo, que hasta ahora, la historia siempre la han escrito los vencedores. Que la empiecen a contar de una vez los vencidos.
¿Para qué?, habrá quien piense. Ya se lo contesto yo. Para que las familias de estas personas encuentren respuestas y descansen, en primer lugar. En segundo, porque éste es un país en el cual hay mucha gente que no sabe, que no entiende y que no quiere saber ni entender y ya es hora de que sepa y entienda lo que pasó.
Y por último, porque tenemos derecho a una memoria histórica para no sentirnos desparecidos nosotros también, para explicar muchas de las carencias que tenemos ahora, para agradecer a la democracia el hecho de estar donde estamos (con crisis y "miembras" incluidas), para terminar de escribir una historia a la que muchos dan la espalda, en vez de tener lo que hay que tener para enfrentarse de una vez a ella.
Le he tomado aprecio a eso de ponerle un youtube a mis posts. Hasta que me dé por otra cosa. Una de Rubén Blades interpretada por los grandísimos Maná en su Unplugged.







