
Hoy casi se me acaba el día sin encontrar nada interesante sobre lo que escribir. Dando vueltas por periódicos digitales he tenido la suerte de encontrarme con un artículo que publica el diario Público en su edición digital de hoy (www.publico.es). Su título, "Música contra el cáncer", llamó mi atención. Como el titular indica, se trata de un artículo acerca de las propiedades curativas que la música podría tener en niños con enfermedades como el cáncer u otros problemas graves. El jefe de Cuidados Intensivos Pediátricos del hospital La Paz de Madrid se muestra optimista ante los buenos resultados que la musicoterapia está dando con sus pacientes. Desde 2003, el hospital lleva a cabo esta terapia y comprueba cómo mantiene a los jóvenes pacientes entretenidos y alejados, en la medida de lo posible, del dolor que sufren debido a su enfermedad. Los niños, que además participan activamente en la terapia a través del uso de instrumentos, afirman que la música les engancha y les divierte.
Esto es un ejemplo concreto de las propiedades curativas de la música, pero cualquiera de nosotros podría afirmar que la música ha sido y es una terapia ante nuestros cotidianos males y una forma de ayuda que nos empuja a vivir cada día con la ilusión de escuchar una estrofa más de la canción que no terminamos de escuchar ayer, un estribillo pegadizo que no se nos quita de la cabeza, un sonido melancólico en las noches de tristeza...
Me alegro de que algo tan difícil de medir y contabilizar como es el poder curativo del arte, empiece a ser tenido en cuenta por parte de gente de ciencia, como son los médicos.
Y me alegro aun más de cada sonrisa que la música pueda arrancar a un niño.
¿Qué mejor que una canción y la sonrisa de un niño para hacer que el mundo y sus miserias se detengan?










