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sábado, 28 de junio de 2008

Desaparecidos

Madre, tu hijo no ha desparecido. Madre, que yo lo encontré andando contigo. Lo veo en tus ojos, lo oigo en tu boca y en cada gesto tuyo, me nombra. Lo veo en mis luchas y me acompaña entre las llamas de cada nueva batalla. Guían mis manos sus manos fuertes hacia el futro hasta la victoria siempre(...) Hacia el futuro HASTA LA VICTORIA SIEMPRE. (Ismael Serrano, A las Madres de Mayo)



Ayer por la mañana, cuando mis párpados aun luchaban por despegarse, la radio - que para entonces, cómo no, ya me acompañaba- anunció algo que me pareció importante. El juez Garzón ha pedido un informe al Gobierno acerca de los desaparecidos desde que dio comienzo el golpe de estado del 36 y hasta el final del régimen dictatorial de Franco, para determinar si es necesaria una actuación jurídica ante tales hechos, denunciados hasta la saciedad por las asociaciones de Recuperación de la Memoria Histórica. Muchas mañanas, demasiadas en realidad, me despiertan noticias atroces teñidas de muerte y desastre. Ayer, que me desperté con ésta, la única palabra que se me ocurría era "JUSTICIA". Por fin, justicia. Justicia para cientos de familias que vieron desaparecer a uno de sus miembros (cuando no a más de uno) y que no volvieron a saber de él o de ella. Huérfanos sin tumba a la que acudir, sin razón para explicarles a sus hijos por qué murió su abuelo o su abuela. Pueden pensar que lo mataron en un paredón, que lo llevaron a prisión, pero lo único que tristemente pueden afirmar con rotundidad, es que desparecieron. Hijos que no dejan de preguntarse qué ocurrió y que no cesan su búsqueda nunca. Los desparecidos son la más vergonzosa incógnita que se sobreviene de todos los regímenes dictatoriales. Véase el caso de los desparecidos por la dictadura argentina y sus madres, ya abuelas de la Plaza de Mayo, cuya incansable lucha parece dar resultados muchos años después.


Digo justicia porque qué puede haber peor que la incertidumbre del no saber. De la paciencia de vivir esperando la más mínima posibilidad de que siguieran vivos o de saber, al menos, dónde y cómo murieron. Lo único que saben, lo que todos sabemos, es quién y cómo se los llevó. Todo lo que rodea a una guerra injusta y despiadada y a cuarenta años de dictadura es cruel, pero sólo hay que ponerse en la piel de las víctimas de las desapariciones para saber que, además, puede resultar desesperante.
Tarde, dirán algunos. Puede parecerlo, pero nunca es tarde para hacer justicia y para hacer agachar su cabeza a quien tiene la sangre fría de afirmar que fue una etapa
de extraordinaria placidez (Supongo que para el que lo dijo y los suyos lo sería, como se quitaban de encima a los que no pensaban como ellos...). Otros dirán que demasiado pronto, que todavía hay testimonios que se pueden escuchar en primera persona y que pueden subirle los colores a más de uno, como poco.
Cuanto antes, pienso yo, que hasta ahora, la historia siempre la han escrito los vencedores. Que la empiecen a contar de una vez los vencidos.
¿Para qué?, habrá quien piense. Ya se lo contesto yo. Para que las familias de estas personas encuentren respuestas y descansen, en primer lugar. En segundo, porque éste es un país en el cual hay mucha gente que no sabe, que no entiende y que no quiere saber ni entender y ya es hora de que sepa y entienda lo que pasó.
Y por último, porque tenemos derecho a una memoria histórica para no sentirnos desparecidos nosotros también, para explicar muchas de las carencias que tenemos ahora, para agradecer a la democracia el hecho de estar donde estamos (con crisis y "miembras" incluidas), para terminar de escribir una historia a la que muchos dan la espalda, en vez de tener lo que hay que tener para enfrentarse de una vez a ella.


Le he tomado aprecio a eso de ponerle un youtube a mis posts. Hasta que me dé por otra cosa. Una de Rubén Blades interpretada por los grandísimos Maná en su Unplugged.

miércoles, 25 de junio de 2008

Al partir...



Decía Arthur Schnitzler (escritor austríaco) que las despedidas siempre duelen aun cuando haga tiempo que se ansíen. Y quién no ha sentido esa sensación alguna vez. La vida es un ciclo continuo de personas que pasan por tu lado y que se van, de lugares que habitas y que abandonas, de trabajos que cambian, de destinos inciertos. Pero por muy acostumbrados que creamos estar a ello, la despedida siempre nos duele.
Ser consciente de una situación no te hace necesariamente inmune a ella y hoy he sufrido esa experiencia en mis propias carnes. Hasta ahora, mis despedidas siempre venían acompañadas de la alegría que suponía el cambio a mejor, el ascenso. Hoy, la despedida ha sido agridulce por lo incierto de lo que pueda suceder a partir de ahora. Yo, aun estando segura de que el cambio será a mejor, me quedo con la pena de no seguir rodeada de unas personas que me han arropado y tratado como una auténtica princesa (es que lo de reina no me gusta). He sentido el compañerismo, la protección, el cariño e incluso la amistad de un grupo humano con virtudes y defectos, con manías y rarezas, con malos rollos y malas caras, ¿por qué no?, nadie es perfecto y ellos, no lo son. Nosotros no lo hemos sido pero hemos puesto todo lo que estaba en nuestras manos por sacar adelante un proyecto común, o más de uno...¡en fin!
En resumen, ha sido un curso de nervios y tensiones. Ha sido un año de esfuerzos y proyectos que no cesan. Un curso de caras nuevas con nuevas sonrisas y nuevas palabras. Con alegrías compartidas y solamente tan bien comprendidas por quienes las viven contigo, como tú.
Y como soy maestra, yo me despido con la llegada del fin de curso, como cuando era estudiante. Por eso, me inspira una canción de cuando era estudiante y me daba pena todo lo contrario. Me entristecía que se acabara el verano ¡Cómo cambia la vida!

De antemano, pido disculpas por no haber conseguido el vídeo original, esto es un apaño que alguien caritativo colgó en su día. Tomadlo como si fuera una barra de sonido, es lo máximo que puedo hacer hasta que no aprenda más de estas tecnologías. Ya me contaréis si os acordáis de la canción, al menos los de mis tiempos.



Sí, ya lo sé. Es una pasteladita de cuando era una cría, pero a mí me gustaba ¿qué pasa?
Y recordad, por muy dulce que parezca una despedida, siempre hay un componente de amargura en ella.

domingo, 22 de junio de 2008

Hoy es domingo


Hoy es domingo. El domingo pasa por ser uno de los días más raros de la semana. Es un día festivo que en países como el nuestro cierra las puertas de comercios y abre las de los bares y restaurantes. Mucha gente dice que es un día proclive al bajón de moral porque se avecina un fatídico lunes y con él una nueva semana laboral (another manic Monday, como dice la canción). Muchos otros, por su parte, lo ven como un día de disfrute y ocio, de tranquilidad y compañía familiar. La percepción de un día de la semana, en definitiva es tan relativa como lo es el tiempo o el espacio, como lo son la mayoría de las cosas que nos rodean. La vida cambia constantemente y hay miles de personas que madrugan para trabajar un domingo tras otro y que permiten que los que descansan dispongan de un periódico para leer, de un menú para comer, de una película para ver, de un médico para curar... ¿O es que acaso no nos ponemos enfermos los domingos?
La vida, como decía, es un constante movimiento de horarios y calendarios. Hoy el domingo es tu día oficial de resaca y siesta permanente, consecuencia del sábado noche y mañana se convierte en un día ocupado y lleno de tareas por cumplir. Por estas fechas hay domingos de estudio para universitarios y sufridos opositores que no ven nunca llegar el fin de su calvario estudiantil. Por estas fechas hay domingos de regeneración de cuerpo y espíritu para aquellos que deciden dar un cambio a su vida, aunque sospechen que no va a durar mucho.
Lo bueno es y será siempre la relatividad de las cosas. Las diferencias entre nosotros es lo que nos hace ser especiales. La concepción subjetiva de un día de la semana, de un punto del calendario que aparece marcado en rojo, es lo que hace a este día ser un día especial, que no deja indiferente a nadie.
Feliz domingo para todos, sea como sea. Y feliz comienzo de semana. Como la mayoría seréis de los que os deprime el domingo porque os horroriza el lunes, os dejo el vídeo de la canción Manic Monday de Bangles. Que lo disfrutéis.



miércoles, 18 de junio de 2008

Lamentable

Zapatero y ministros (publico.es)

Sí señor. Si creían que La chica de la trenza pelirroja se había dormido envuelta en la modorra de los calores que van llegando, se equivocaban. He vuelto y estoy un pelín mosqueada.
De antemano, ya se sabe más o menos de qué pie cojeo y no soy de aquellas que cambia de chaqueta, más bien, suelo ser constante en mis valores e ideas. Sin embargo, eso no es excusa para criticar lo que me parece que se está haciendo mal. Muy al contrario, en defensa de mis ideas, he de salir hoy a contar lo que cuento. Y lo que cuento no es sólo un pálpito mío, es más bien una opinión que se está extendiendo incluso entre los que se declaran incondicionales votantes del PSOE. "Este gobierno se lo está montando muy mal".
Lo de la crisis, qué decir que no se haya dicho, escrito y gritado ya. Que la culpa no es del gobierno, claro está, pero que sí es culpa del gobierno gestionar estas rachas con la autoridad, celeridad y, sobre todo, con la honestidad que se les puede exigir, por supuesto. En vez de todo eso, nos hemos tragado una traca de sinónimos cada cual más patético de la palabra "crisis" para no decir "crisis" cuando al ciudadano de a pie, trabajador y consumidor eso se la trae al fresco, con perdón. Lo que le importa es cobrar a fin de mes y que el sueldo no se le funda entre la hipoteca y la compra, por no mencionar el combustible. Al ciudadano que los votó, depositando su confianza en ellos, no le importa cómo lo llamen unos cuantos políticos, le importa no poder hacer la compra con normalidad por una huelga que se extiende más de diez días.
Pido perdón si hasta ahora he utilizado el término "ciudadano" para englobar al conjunto de la ciudadanía, incluyendo hombres y mujeres, en vez de decir los ciudadanos y las ciudadanas. A ver cuándo se entera la Ministra de Igualdad de que el sexismo en el lenguaje se acabará cuando "un zorro"deje de ser un hombre listo, astuto y escurridizo y "una zorra" deje de ser una puta, con perdón otra vez. Y no cuando incluyamos en el diccionario la palabra "miembra".
Y no tenía yo, a pesar de todo, intención de denunciar aquí todo esto, pero lo de hoy me ha superado. Se ha aprobado la polémica directiva de la UE acerca de la regulación de la retención y retorno de los inmigrantes ilegales. Y se aprueba con el voto favorable de los socialistas españoles que nos representan, además del voto en masa de los populares y liberales europeos. Así que el ciudadano y la ciudadana que dieron su voto a la reelección de un gobierno que brilló precisamente por sus políticas sociales y por la sensibilidad que demostró con el fenómeno migratorio (que para algo fuimos nosotros emigrantes en su día) se siente inevitablemente defraudado. Un gobierno que brilló por su intención constante de dialogar, de atender y de escuchar a todas las partes y que ya no sabemos dónde está.
Un gobierno al que, en su día, le perdonamos no ocuparse mucho de los jóvenes y la vivienda porque consideramos que había otras prioridades, es un gobierno que empieza ahora a decepcionarnos y esperamos, por nuestro bien, que empiecen a remontar y a demostrar que las segundas legislaturas no tienen por qué ser siempre terroríficas, que ya tuvimos bastante con la del PP (200o-2004).

sábado, 14 de junio de 2008

Por la orilla

Playas del Sardinero (Santander)
Cantabria turística

Hoy me he dado mi primer paseo por la playa. Habrá a quien le parezca extraño que no lo haya hecho antes, sabiendo que vivo en una ciudad con preciosas playas al alcance de mi mano pero es que cada año me planteo extender la temporada playera a los meses no veraniegos para dar paseos que con el tiempo se acabarían dando calzada y con abrigo, o para correr y ponerme en forma, jugar a las palas los días que no haga demasiado frío y un sinfín de etcéteras. Desgraciadamente, mi realidad siempre supera a mi ficción, que por cierto, es extensísima y traviesa y le encanta imaginar cosas que después nunca llego a realizar. Así que aquí me tenéis, a 14 de junio reconociendo que he dado mi primer paseo por la orilla de la mar, que aún está fresca y no me ha invitado a probarla de momento. Todo se andará, que una cosa es proponer y otra ponerse a hacer y yo, ya estoy dispuesta a pasear todo lo que pueda y a bañarme y hasta a tomar el sol. Porque ése es otro tema espinoso. Mi blanquísima piel, cuya ventaja es la de ser suave al tacto, se quema con el roce del rayo de sol más tímido y la crema solar se convierte en mi inseparable amiga de la época estival.

Dejando aparte los molestos efectos secundarios, la estancia playera me ha permitido observar a grupos de adolescentes que aterrizan en ella, probablemente venidos de tierras interiores, que disfrutan de su excursión de fin de curso y que se colocan estratégicamente separados ellos de ellas, para acercarse poco a poco con cualquier excusa; que se ríen de todo, que gritan sin razón aparente, que se beben la vida a tragos. Que se convierten inevitablemente en los reyes del lugar porque en ese momento nadie puede irrumpir en su mundo libre de normas, en su cabeza de niños cuyo cuerpo les obliga a ser adultos, o al revés, no lo sé.

Observar la playa, con la cadencia de las olas y el milagro de la marea que asciende lenta pero contundente, es también volver a ver al que hace casi un año que no veías, que se coloca en el mismo puesto de la arena como si el invierno hubiera respetado el hueco de su toalla y sus chanclas. Familias con niños y sombrillas, y cubos con palas y pelotas hinchables y cremas solares factor 50 que les supone que para cuando quieran haberse instalado habrán de irse a comer.

En fin, parece mentira cómo da de sí un ratito de paseo por la orilla.


martes, 10 de junio de 2008

La música

Los más asiduos os habréis dado cuenta (y si no, os lo cuento yo) de que cada cierto tiempo me gusta sacar un post monográfico acerca de un tema del que todos solemos hablar cotidianamente con nuestra familia y amigos. Si hace unas semanas inauguró la sección la literatura y le siguió (con el homenaje a Pollack) el cine, hoy toca hablar de otro arte: la música.
Como la literatura y, en parte el cine, música hay para todos los gustos, edades, generaciones. Pero sobre todo hay música para cada momento. Creo que coincidiremos todos en afirmar que no solemos llevarnos a José Luis Perales en el mp3 al gimnasio ni amenizamos una velada romántica con lo último de Metallica. Aunque quede claro que respeto los gustos de cada cual, y si quieren cometer delitos de este tipo, libres son, que no hacen daño a nadie.
Lo que a mí me gusta lo sabe, o más bien lo intuye quien me conoce bien. Y digo "lo intuye" porque suelo sorprender bastante con lo de mis gustos musicales. Supongo que nos ocurre a todos eso de que encasillamos a alguien en un estilo y no lo sacamos de ahí. A decir verdad, la mayoría de nosotros somos bastante eclécticos en lo que ritmos se refiere y dependemos en gran medida de momentos (como decía antes) y también de las personas con las que los compartimos. Llegan a ser tan distintas las músicas que escuchamos a solas de aquellas que ambientan nuestros momentos sociales...
La música tal como la conocemos ahora es un bien de consumo con infinita capacidad de transmisión. Pero sobre todo es una forma excelente de comunicación que provoca un efecto catártico en las personas que la consumen, es decir, tiene la virtud de provocar en todas ellas un flujo de emociones. Asistir a un concierto es ver representada la catarsis musical cuando tus manos sienten que tienen que aplaudir y, al mismo tiempo, aplauden contigo los demás asistentes. Eso es también una forma de comunicarse.
A pesar de todas las grandes ventajas que supone la música en nuestras vidas, quizá la más destacable sea la aparición de una nueva canción que te hace detener para escucharla, para exprimirla y sacarle el jugo que guarda en su interior. Nueva por novedosa en su aparición o nueva porque no la habías descubierto hasta ese momento. Qué suerte poder renovar tus sensaciones con las de aquél que un día compuso sin saber para quién ni para cuándo. Tal vez para ti, tal vez para siempre.

Como las costumbres se hacen normas, ¿adivinad qué os pido hoy? Sí, muy bien, lo habéis adivinado. Una canción y, como decían en La Gramola (programa de m80 presentado antaño por Joaquín Guzmán y que ahora ya no es lo que era), habladme de la ventanita que os abre esa canción. Es que soy muy cotilla...
Os deseo a todos las más bellas melodías

jueves, 5 de junio de 2008

De toros y toreros

Alvárez del Manzano (Ex-alcalde de Madrid) EFE

Los toros, la feria, la "fiesta nacional", un espectáculo que no deja indiferente a nadie. Por un lado, los forofos que se abonan cada año a la feria de turno para ver las corridas. Por otro, sus detractores, que se muestran en contra del maltrato a los animales y que consideran que es una vergüenza que en los tiempos que corren aún se asista en masa a observar como un señor (o señora, cuando alguna sale a la palestra) torea con un capote a una bestia de alrededor de quinientos kilos, le clava una serie de banderillas para acabar clavándolo una espada entre las vértebras y ver cómo agoniza hasta morir. Y encima le cortan las orejas y el rabo, si les dan permiso los asistentes, claro.
No creo que se dude de qué parte estoy yo a la luz de lo escrito, pero eso es lo de menos. Lo peor es que los que hemos tenido estancias en el extranjero tenemos que aguantar atónitos cómo se nos tacha de crueles maltratadores por el mero hecho de proceder del país originario de la famosa fiesta. Sin necesidad de salir de España, atónitos tenemos que observar en la televisión cómo al seleccionador nacional de fútbol español se le representa con una montera (sombrero utilizado por los toreros) en plan torero.
Para quejarse, pida el libro de reclamaciones... porque a ver dónde hay que ir a decir alto y claro que en España hay mucha gente a la que no le gustan los toros, que todos los españoles no son toreros, que el toreo no es, ni mucho menos, la "fiesta nacional" y -lo que más me quema- que los toreros españoles no son macho-men guapetones y valientes que nos encantan a todas. Más bien, me parece a mí, que la mayoría son un grupo de ineptos que cuando se les pone un micrófono delante no hilan dos palabras seguidas. Bien es cierto que he tenido la fortuna de oir entrevistas de algún que otro matador que merecía la pena escuchar, dentro de lo que cabe.
Muchas son las campañas antitaurinas que se organizan un año tras otro para tratar de concienciar de que, gustoso o no, el espectáculo de los toros es aberrante porque se maltrata públicamente a un ser vivo (aunque algunos me digan que es un ser vivo que ha nacido exclusivamente para ello), se le hace sangrar y sufrir y se le sacrifica delante de un público que suplica esa sangre, que pide que el torero se arriesgue y se pegue al toro, que vitorea ¡olé! cuando clavan al animal un pincho gigante y que se entregan por completo cuando éste cae rendido en mitad del coso de arena.
Pero claro, esto es como todo, para muchos sólo son cuatro ecologistas trasnochados que no tienen otra cosa que hacer después de haberse bajado de la chimenea de la última fábrica a la que han ido a dar la murga. Y lo cierto es que hay muchas asociaciones antitaurinas en las distintas comunidades autónomas y asociaciones como ADDA, en defensa de los animales que, en mi humilde opinión, merecen ser escuchadas con más atención y respeto.
Y que no tenga que desnudarse la pobre Alaska, cielos, que los catarros de estas épocas ya se sabe que son muy malos. Aún, así, ahí va una foto de su campaña. Ah, y la de arriba. Vaya sustito que se nos ha llevado el pobre Álvarez del Manzano. Para una vez que es el espectador y no el toro...





( elmundo.es)



lunes, 2 de junio de 2008

3 de junio

Para ti...

LOS AMANTES. René Magritte


Te conocí viendo pasar trenes que nunca regresaban...


Te conocí cuando la vida daba tumbos de un lado al otro de un arcoiris maravilloso de juventud, sueños y grandes expectativas. Te conocí con el corazón lleno de falso amor camuflado con rosas de plástico y besos de mentira que yo daba en la medida en que recibía. Te conocí viendo estrellas y descubriendo que las constelaciones más bellas no están en el absurdo cielo que miraba, sino en el suelo que tú pisabas. Te conocí despacio, sencillo, silencioso. Nunca llamabas mi atención, nunca el protagonista, nunca pretendiendo seducir, seduciéndome poco a poco, sin darme cuenta, sin querer pero queriendo, sin sentir, pero sintiendo. Cada día más, cada vez más adentro, más profundo, más sincero.

Cuando te conocí ya te reconocía de lejos. Ya te quería sin decirlo, y te busqué entre la gente para encontrarte para siempre en un abrazo sincero, en tu mano tendida que rescató la mía de una inevitable caída, en la oración más sincera. En un beso cierto del que aun conservo el sabor y el calor sobre mis minúsculos labios que sienten hoy, como aquel día, la sed de los tuyos.
El primero en tantas cosas que ya no recuerdo si hubo vida antes de vivirla contigo. El fin de todos mis caminos, la luz de mi inspiración, melodía en mi banda sonora.

Y años después, no sé cuántos, no quiero pensar que son muchos ni pocos. No quiero pensar si son los suficientes para esto o aquello. No quiero calcular la edad que teníamos ni reconocer la que ahora tenemos. Los años, la edad, la vida misma es lo que tú y yo somos. Lo que juntos construimos, lo que juntos vencimos.
Años después, sin pensar en cuántos, sólo una fecha. Un momento en el calendario demasiado insignificante para tantas cosas que nos han pasado. Para tantos momentos que nos pertenecen a ti y a mí. A nosotros.

Años después. Por mi parte, la más amplia de las gratitudes y la promesa de querer ver amanecer contigo cada nuevo día que tenga la dicha de alumbrarnos a ti y a mí. A nosotros.

Y allí estaré para amarte y, aunque no esté, allí estaré para amarte...

domingo, 1 de junio de 2008

Mi punto débil

Según la mitología griega, en tiempos remotos hubo un hombre tan fuerte que no podía ser abatido ni siquiera por los más fieros guerreros. El griego Aquiles fue bañado por su madre en el río Estigia convirtiéndolo en un ser inmortal. A pesar de tal condición, el indestructible Aquiles no quería luchar y se vio obligado a hacerlo en la Guerra de Troya, se dice que encolerizado por el asesinato de Patroclo, su gran amigo, tal vez su gran amor. Venció a guerreros de la talla del Príncipe Héctor de Troya, hermano del bello Paris, quien finalmente clavó su mortal flecha envenenada en el talón de Aquiles, su único punto débil, por donde su madre lo asió mientras lo bañaba en el río de la inmortalidad.
La mitología tiene ese poder, o más bien la intención de explicar con ayuda de elementos mágicos la realidad que rodea al ser humano.

Hay días en los que te sientas cinco minutos y parece que el mundo se detiene contigo al hacerlo. ¿Por qué?
Nos ponemos una mochila cargada, nos calzamos las botas y nos disponemos a escalar un Everest tras otro. Son años vertiginosos en los que no hay segundos para respirar, en los que hasta los ratos de ocio parecen formar parte de un estructurado horario de tareas pendientes que nunca terminamos de tachar porque cada día surge una nueva. Soy fuerte, te dices.

La fortaleza llega a convertirse una falsa invencibilidad que nos protege de no caer rendidos ante la responsabilidad que, para más inri, nos autoimponemos en la mayor parte de los casos. Soy fuerte, soy fuerte. Esto no va a poder conmigo.
En la batalla del día a día, como en la Guerra de Troya, espadas, lanzas y piedras tiradas a traición. Soy fuerte, soy fuerte. Y el día menos pensado, ¡zas! Un pinchazo agudo, sigiloso, apenas llama la atención pero se cuela en tu sangre para decirte que tienes límites, que tienes un punto débil. Que te caigas, que llores, que te tiene que doler. Que éste es tu punto débil y hoy nadie te necesita tanto como tú necesitas de ellos. Que si Aquiles tuvo que claudicar, ¿por qué tú no?

(No os quejaréis, que he puesto al Aquiles más guapo que se recuerda...Débil, pero tonta no)