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viernes, 5 de diciembre de 2008

Domingo por la mañana

Camina, como siempre, con paso firme y rápido. Apura la última calada de un cigarro que sólo hace más agudo su dolor de cabeza. Lo tira al suelo y lo aplasta hasta destrozar lo que queda de colilla. Expulsa la última bocanada de humo...

Con este frío, piensa, no hay quien distinga el humo del vaho.
De repente, algo la detiene. La sensación de haberse olvidado algo. ¡Mierda! El móvil.
Vuelve sobre sus pasos y llega hasta el portal del que salió. Un vecino introduce la llave en la cerradura y se dispone a entrar. Ella aguarda silenciosa para pasar tras él.

- Vaya frío, ¿eh?

El hombre lleva el periódico dominical y una bolsa grasienta de churros bajo el brazo. Sandra mira el titular e intenta que el olor no le provoque náuseas. El singular vecino intercepta su mirada.

- Los domingos parece detenerse el mundo - se adelanta. -Sólo se habla de fútbol.
- Sí -responde Sandra con timidez.
- ¿A qué piso vas, guapa?

Sandra se le queda mirando. No se acuerda del piso. Hace memoria. En una milésima de segundo los pensamientos se le agolpan. Trata de conectarlos, de darles sentido. El pub, la calle, las risas, besos en cada portal, en cada farola. Las llaves. No tomaron el ascensor. Por las escaleras, el deseo era irrefrenable. Las llaves otra vez. Letra C, seguro. ¿Pero el piso?

- Al cuarto, por favor.
- Muy bien.
- Usted ya ha llegado. Que tenga un buen día.
- Lo mismo.

Se apea. Busca la puerta. Sí, es esta.
Antes de llamar piensa en lo que va a decir. En cómo lo dirá. Seré muy breve. Llama al timbre. El corazón cabalga y parece querer salir de su pecho. El dolor de cabeza se hace más intenso. Él abre la puerta. Está medio vestido. Se acaba de dar una ducha.

- El móvil. Me lo he dejado.
- Pasa y cógelo. También te has dejado esto.

Le enseña un jersey.

- Gracias - le mira de arriba abajo. -No me acordaba de que lo llevara puesto anoche- dice sonriente mientras piensa que no ha estado tan mal regresar a ese piso después de todo.

Él acerca el jersey a su cara y respira su fragancia.

- Huele a ti... No recuerdo tu nombre pero no creo que olvide tu olor en mucho tiempo. ¿No te importará?
- No, responde Sandra mientras desabrocha la cremallera de su cazadora. -Sólo espero no volver a dejarme el móvil olvidado esta vez...






18 comentarios:

Roberto dijo...

Quizás se olvidó el móvil a propósito para volver?

el caso es que volvió...hermoso reencuentro

me gustó mucho...

un beso

gloria dijo...

Qué bien contado Laura!

el dolor de cabeza desapareció... seguro.

Besos!!

SELMA dijo...

Echaba en falta el móvil pero no el jersey.... por eso tenía frio y por eso inconscientemente fue en busca del calor... y lo volvió a encontrar...

Excelente y evocador relato Laura...

Un beso!

Ladrón de Guevara dijo...

Yo no creo que se lo olvidase a posta... Pero creo que de no haber vuelto -aunque el móvil lo llevase en el bolsillo- la historia se habría convertido en una historia de una noche, algo inacabado. De esa manera, cierra un capítulo...

Un saludo. Me ha gustado mucho.

Dara Scully dijo...

La traicionó el subconsciente, y quiso volver sin darse cuenta. El cuarto grabado en la memoria.


Miau

ANABEL dijo...

Que bonito relato. Que curiosa la traición del subconsciente, porque no sólo olvidó el móvil, también el jersey. Puede que ahora olvide algo más, para retornar a los besos ¿No?

Besos

Cecilia Alameda Sol dijo...

La resaca de la mañana, después de una noche distinta... Se le ha quedado a la pobre el cuerpo dudoso después de la aventura.

Laura dijo...

"El cuerpo dudoso". Me ha encantado. Creo que a partir de ahora utilizaré esta expresión. Si me lo permites, Cecilia...

Ladrón de Guevara dijo...

Como no se donde contestarte, pues lo hago aquí. a mi la filosofía de César Millán me gusta mucho, pero he de reconocer que no es fácil -por no decir imposible- aplicarla en nuestro amigo perro. Yo tengo uno, y me obedece a ratos, pero...El libro tiene cosas que se podría extrapolar a la sociedad humana, que no deja de ser parecida a una manada de perros.

Un saludo.

P.D: Gracias por pasarte por el nuevo blog.

Marcos dijo...

La verdad que has escrito un relato muy bonito, no dejas de sorprenderme cada día con tus nuevos post.

Por cierto, volverán a encontrarse?...

Oski dijo...

Tener mala cabeza es lo que tiene, se te olvida el móvil, las llaves y lo que haga falta que se olvide uno.

Que mejor escusa para volver y reencontrarse. A lo mejor luego no se le olvida nada porque no quiere marcharse.

¡Es la magia de un abrazo! (y de lo que no son abrazos xD)

Un saludoooo

Cecilia Alameda Sol dijo...

Naturalmente..........

Miriam dijo...

Que linda historia Laura!! el frío de afuera se derrite ante el encuentro. Ha sido un encuentro especial sin dudas...
Besos

manu dijo...

así da gusto olvidarse las cosas!! me gustan esos encuentros llenos de piel y deseo...me gustan si si, no pasan muy a menudo.

besitos!

La Gata Coqueta dijo...

Que bonita historia y que bien tratada, apetecia que siguiese,

¿Y si se dejo el telefono queriendo para volver y tener otro encuentro fortuito con él?

Todo es posible...

Y el resto no los imaginamos.

Lore dijo...

wow, me latía el corazón y todo...buenísimo!
un beso laura
lore

laura dijo...

Los olvidos siempre llevan oculto un mensaje que no siempre sabemos leer...
Parece que la chica del jersey olvidado no tenía más remedio que volver...

Laura dijo...

Así que creéis que lo del móvil fue a propósito, ¿eh?
Hay que ver lo mal pensados que sois y lo expertos en noches de sábado que acaban en mañanas de domingo...
Ahí lo dejo.
Un beso fuerte