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jueves, 12 de febrero de 2009

Por el alma y por el pecho

"Un cortado, por favor. "
La lluviosa mañana había desembocado, nadie sabe cómo, en una tarde húmeda, medio soleada. Una tarde de esas en las que el sol de brujas asoma feroz entre nubarrones negros que huyen lentamente unos de otros para no amontonarse y precipitar.
Tomó la taza con la mano izquierda. En la derecha, sujetaba la gabardina y el paraguas. Derramó unas gotas del rebosante café y blasfemó. Supo que nada bueno podía depararle aquella tarde de tiempo raro y la torpeza de sus manos le hizo presuponer un posterior tropiezo mental, un lapsus linguae acaso, un desliz.

Para cuando él llegó, ella ya tenía bebido medio café y removía lo que le quedaba, absorta en sus pensamientos. Le asustó su llegada por repentina y por fría al mismo tiempo. Apenas tenía fuerzas para levantar la vista de la mesa de mármol hasta sus ojos.
La saludó esperando encontrar su mirada en el punto medio de la distancia que les separaba. A ella le pareció cansado y triste. A decir verdad, él siempre le parecía triste últimamente.

Decidió no pensar más en ello y dejarse llevar por alguna conversación tópica que él iniciara. Sonrió y piropeó su nuevo corte de pelo. Absorbió el olor de su colonia, que era aún la de siempre.

Removía casi compulsivamente la cucharilla en la taza medio vacía. Rechazó otro café. Levantó la barbilla y preguntó "¿Qué?" con resignación.
"Nada", respondió él con más miedo que otra cosa.

Agacharon la mirada. La mesa de mármol con marcadas vetas grises y negras le permitía verse reflejada. Su rostro se le antojó siniestro y macabro, como salido de la ilustración de algún cuento de brujas o malvadas madrastras. Se aferró a la taza y miró el líquido marrón que todavía ahumaba. Ya nada podía sorprenderla. Nada de lo que había ocurrido, nada de lo que estaba ocurriendo. Estaba preparada para lo peor. Estaba concentrada, dispuesta. Sin embargo, se sentía más débil que nunca. Miró por la ventana y un rayo de sol de brujas le hizo cerrar los ojos.

Volvió a posar sus ojos sobre la taza y, cuando más segura estaba de su seguridad, una lágrima se precipitó desde su ojo, se deslizó por su mejilla y perdió el contacto con su piel a la altura de su mandíbula. Fue entonces, y sólo entonces cuando reunió todas las fuerzas para conseguir mirarle a los ojos... por última vez.

Poema de Rodolfo Serrano en la voz y melodía de Ismael Serrano.

16 comentarios:

Oski dijo...

Buena versión "literaria" del buen poema de Rodolfo y mejor canción de Ismael.

A mí me ha gustado, incluso iba imaginando las estrofas en mi mente mientas leía.

¿Magia? Laura más bien.

Un abrazooo

Marcelo dijo...

Escuché una docena de canciones de Serrano, de las cuales la mitad me las recomendastes vos. Me encanta lo que has hecho con esta canción!
Un beso!!

Rodolfo Serrano dijo...

No sé si te llegó mi anterior comentario. pero reitero lo dicho. Mejora el original, y sé lo que digo.

Álvaro Dorian Grey dijo...

Precioso, simplemente..
saludos y salud

Selma dijo...

Has conseguido recrear el guión perfecto como fondo a esta canción...Perfecto en su amargura, su silencio, su lágrima...

Besos, Laura...

iliamehoy dijo...

Neblinas de ternura desgranadas con dolor. Palabras mágicas aún cantando al desamor.....
Por suerte, algo empieza cuando todo parece terminar...
Un saludo y una sonrisa.

Karina dijo...

que lindo Laura, me encanta como escribis... y pude imaginar cada una de las escenas de esta historia.
gracias y muchos besos para vos!

Ladrón de Guevara dijo...

Me quedo con el comentario de Rodolfo, no sólo por la humildad de un gran Caballero, sino porque tu escrito es brillante, y sin duda le da una dimensión que hace ver la escena desde la mesa de al lado -ya sabes...quizá tomando un café mientras miras a la protagosnísta, o simplemente paraleleo a la misma escena-.

Perfecto.

K@ri.- dijo...

es increible, bello... pude imaginar la escena como si estuviera ahi, cerca.... muy muy acertada.
te mando un abrazo desde este lado del mundo!

Cecilia Alameda Sol dijo...

Grandes poetas los dos, el padre y el hijo. Buen dúo ellos y una hermosa interpretación la tuya.

begoyrafa dijo...

El poema, la voz y tu mirada: las tres personas del verbo.
Un abrazo de vuelta
Rafa

Anónimo dijo...

Precioso relato. Reflejas con mucha sensibilidad el dolor de la separación, la amargura, el desencanto, la tristeza y, como marco, lluvia, nubes negras... todo está impregnado de melancolía.
Tienes un estilo que llega directo al corazón.
Un beso de tu muy agradablemente sorprendida tía.

HELOISE dijo...

estoy probando

Miriam dijo...

Quien no ha vivido ese último café, con todas esas sensaciones encontradas!!
ESta canción desde que la conozco me trae mucha nostalgia, pero tu recreación fué perfecta, ha completado la historia.
Besos colo (aquí se les dice así la las de cabello colorado)

Roberto dijo...

Que duro es pronunciar la palabra "adios"...uno va muriendose con cada adiós, pero otro va naciendo en otra parte, muy lejos de allí donde se pudre la costumbre por la ilusión...

un beso Laura

m.eugènia creus-piqué dijo...

Precioso escrito, me ha gustado mucho.Un abrazo.