Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo. Mario Benedetti
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domingo, 18 de septiembre de 2011
Es indignante
Y si le da por venir a la inspectora, ni te cuento. Tengo lista la programación anual pero no he perfilado aún bien el tema de la evaluación y no he terminado las fichas individuales de cada uno de los más de doscientos alumnos a los que doy clase, sin mencionar que en mi cabeza tengo claras las adaptaciones curriculares a todos los alumnos que tengo con necesidades especiales, pero no las tengo plasmadas en el papel y debo tenerlo. Vamos, que esta semana meteré horas hasta que tenga todo esto listo porque así no se puede funcionar. Y en cuanto me libre de los documentos, empezaré a mirar juegos para las tardes con Infantil, que es una locura no tener por lo menos dos o tres juegos planificados en cada sesión para ir cambiando.
Por la noche, me iré a la cama con todo esto y más (que no es cuestión de agobiar a nadie y por eso no lo cuento todo) y con mi nueva adquisición: una férula de descarga porque me limo-literalmente- los dientes de la tensión que arrastro. No me quejo. Me encanta mi trabajo. Lo adoro y no lo cambiaría por ningún otro. Me hace feliz, lo he manifestado en muchas ocasiones. Es tan maravillosa la recompensa que el esfuerzo realizado me parece, después de todo, una minucia.
Mañana comienzo a las nueve y cuarto mi primera clase. Un horario bueno, muy bueno ciertamente. A menos cuarto ya estaré en el colegio porque se me ocurrirán muchas cosas de aquí a que me acueste y la mitad de ellas implican que busque cartulinas, que corte papel continuo, que me pelee con dos ordenadores, un pendrive y un proyector y que sude la gota gorda cuando oiga a los críos entrar en el edifico y la fotocopiadora se atasque y me dé error en el depósito número 3. Los críos se van a la una menos cuarto. Benditos sean cuando les veo montar en el autobús. Un pis rápido, que en toda la mañana me ha dado tiempo y ahora sí que sí, me voy a sentar y voy a mirar el correo. Error. La jefa de estudios convoca una reunión de urgencia porque hay que elaborar un documento muy importante que no tenemos hecho. ¿Pero cómo que no? Pregunto. ¡Si ya lo hicimos el año pasado! Y resulta que, sacándome de mi error, me comunican que el año pasado, elaboramos el PCC y este año toca el PEC y el PC y el PAD que todos los años se revisa, claro. Son las dos y media cuando me voy a casa. Un horario bueno, muy bueno ciertamente, ya que, hasta octubre no tengo que volver por la tarde. En casa ya lo saben, lo tienen asumido. Nunca se sabe cuándo voy a regresar. Nunca se sabe a qué hora me iré al día siguiente. Nunca se sabe en qué demonios ando pensando porque quien me conoce sabe que no soy despistada pero lo parezco. Y lo parezco porque estoy todo el día pensando en cómo mejorar mis clases, en qué idea sería buena para este grupo o el otro, en qué le voy a decir a los padres en la reunión, al representante de la editorial, al que organiza la actividad de teatro (que aún no le he dado una respuesta).
Hablando de despiste, se me había olvidado por completo que mañana es el último día de plazo para inscribirme en un curso de formación que me interesa hacer (al finalizar mi horario de trabajo, por supuesto) y que tengo que rellenar la documentación del grupo de trabajo al que pertenezco y cuyo objetivo es generar materiales curriculares de Inglés (mi especialidad) que faciliten una labor que ya de por sí es dura porque luchamos contra natura y hay que hacerlo muy fácil y muy lúdico y muy dinámico y muy visual para que, entre otras cosas, los más pequeños no lloren.
Yo paro ahora de escribir pero esta maquinaria compleja que es la educación no para nunca. Y no duele que se metan con las vacaciones, con el horario, con los puentes y todas esas cosas. Duele que se esté gastando dinero público en el ejército, en la monarquía, en cochazos, en dietas, en escoltas, en trenes de alta velocidad y se recorte en educación pública y gratuita. Que se le quiten medios humanos y materiales a la educación inclusiva y no a la exclusiva, a la educación integradora y no a la discriminadora, a la educación para todos y no a la que sólo llega a unos pocos. Duele, es indignante y no lo vamos a permitir.
viernes, 24 de junio de 2011
Soy maestra
He visto muchas cosas llevando muy poco tiempo. He visto la inocencia en la mirada de muchos niños y he visto, también, su tristeza y su preocupación. He visto sus ojos cargarse de esperanza y sus manos dibujar en un trozo de papel, un mundo mejor.
He visto a una compañera oler una chaqueta extraviada para saber de quién de sus alumnos era. He curado más de cien heridas solo en este último curso. He escuchado contar largos fines de semana y planes de vacaciones y comidas que se han quemado...He visto caerse más de diez dientes y moverse, unos cincuenta. Por cierto, el Ratoncito Pérez deja unos regalos muy ostentosos hoy en día en comparción con los de mi época...
Soy maestra.
He visto varias graduaciones cargadas de lágrimas. Y cuando paseo por mi ciudad, me saludan chicas ya de diecisiete años. Son exalumnas. Cómo crecen, me digo, como si el tiempo sólo hubiera dejado huellas en ellas. Las suyas adquierieron formas de mujer y aire de una juventud aún en potencia. Las mías, me han dado una madurez que a ratos me cuesta asumir. Así es la vida.
He visto llorar a un niño. A un crío que nos trae por la calle de la amargura. Un bala, un cabeza loca, un niño de la calle, medio abandonado por su familia. Se ha criado casi solo y sin cultura, sin estímulos, qué narices, sin cariño. Y le he visto llorar a mares y abrazarse a su maestro. Le despedíamos todos porque se jubila. Está estupendo, tiene sesenta años y una salud de hierro. Desea viajar y hacer muchas cosas. Pero hoy se le ha abrazado su alumno fuera del protocolo establecido, fuera del homenaje que tenía ensayado con toda su clase. Se ha saltado el guión para abrazársele llorando y preguntarle Y ahora, ¿qué?
Soy maestra.
Y habrá pocas profesiones que aporten dosis de humanidad a gran escala a estas almas nuestras que tan vacías están de valores, de afecto y de esperanza, como ésta mía. Como ésta de la que cada día estoy más orgullosa y gracias a la que cada día soy más feliz.
martes, 19 de octubre de 2010
Creer o no creer
Para que se recupere. De todo.
Para que no deje de buscar el camino que conduce a un mundo mejor.
En la vida, no todo es cuestión de creer, pero creer forma parte de nuestra condición de seres humanos. Las creencias casi siempre se asocian con las religiones, con la fe. Creer en lo que uno no puede ver es tener fe, pero creer en lo que algún día podremos ver y demostrar, también tiene un componente espiritual que a veces nos obliga a tener fe.En contra de lo que pueda parecer, este post no va dedicado a las creencias religiosas ni a planteamientos misticistas o sobrenaturales. Este post habla de trabajo. En tiempos en los que el trabajo es un bien preciado, apreciar el trabajo de uno es casi un milagro y quererlo se convierte en una utopía. Y no es para menos. Poco empleo, sueldos bajos, mucha formación y preparación para acabar desempeñando funciones que nada tienen que ver, en fin, una frustración detrás de otra.
Yo soy una persona que ama su trabajo. Mi trabajo es vocacional y muy duro, pero reporta satisfacciones imposibles de cuantificar. Aparte de esta obviedad (al menos para los que se dedican a este oficio o los que tratan conmigo a menudo), es un trabajo que te permite creer. No quiero pensar que es un trabajo que te obliga a creer porque esta faceta la entiendo, más bien, como una oportunidad que como una necesidad.
Hoy he aprendido que creer es una suerte. He reflexionado sobre mi forma de entender mis clases, sobre la reacción que provoca en mis alumnos mi influencia directa e indirecta sobre ellos; me he replanteado mis objetivos, mis carencias, mis necesidades y he encontrado la oportunidad de creer como punto de partida. Si no creo en lo que hago, jamás conseguiré sacarlo adelante con éxito. Creer es el principio y el fin en sí mismo. He escuchado a alguien que creyó en lo que hacía y lo hizo. No se sirvió sólo de su fe para ello, por supuesto. Necesitó mucho tiempo (no sólo profesional sino personal), mucha ayuda, mucha paciencia, pero, sobre todas las cosas, creyó que lo que hacía saldría bien algún día y creyendo, hizo que saliera bien.
Hoy me he emocionado viendo el resultado del proyecto en el que alguien creyó. Me emocionaron sus logros porque abrieron una ventana a la esperanza de cambiar las cosas y porque avivaron en mí el deseo de ver mis propios proyectos cumplidos. Aprendí que la humildad es fundamental para ser consciente desde el primer momento de que el camino es complicado y de que los buenos resultados no se deben esperar a corto plazo. Asumí que a mi ecuación le faltaba una incógnita por despejar porque el cariño, el esfuerzo y las muchas horas de darle vueltas, de investigar, de crear materiales no bastan por sí solos para resolver el enigma. Me falta creer. Y a partir de hoy, mi principio y mi fin serán creer en lo que hago, sea pequeño o grande, sea fácil o difícil. Y voy a intentar creer, incluso, en aquello que se me impone porque aplicando aquello de que las penas, con pan, son menos, me invento esto de que las imposiciones, con fe, son más libres.
sábado, 21 de agosto de 2010
Chiquitina
Con la presente quisiera decirte lo que no te dije nunca, lo que no me dio tiempo a contarte, a enseñarte, a compartir contigo.
Te has ido muy pronto, mi chiquitina. Pero te has ido rodeada de la gente que más querías. Te han arropado, te han mimado, te han cuidado hasta el último suspiro. Se han hecho los fuertes y los valientes y habrán tenido que morderse los labios más de una vez para no soltar una lágrima que no querían que vieras. Te fuiste entre sonrisas y cariño, estoy segura.
Pero pronto, demasiado pronto porque te quedaba todo por vivir. Porque la esperanza que nos mantiene en pie y nos obliga a confiar en que vendrán mejores tiempos, no fue suficiente sustento para mantener el latido de tu corazón. Porque la vida te esperaba fuera cargada de momentos inolvidables y no, no es justo que yo los esté viviendo y tú no hayas podido ni siquiera imaginarlos.
Te has ido y el mundo hoy es un poco más gris, más feo, más silencioso, más amargo si cabe. El mundo está huérfano de una habitante que emanaba la poca luz que tenía. Esa luz reside aún en los que hemos pasado ratos contigo. En los que hemos compartido contigo experiencias y anécdotas en un aula o en una habitación de tu casa. Esa luz, chiquitina, no se extinguirá nunca, lo prometo. Prometo mantenerla viva y no olvidarme de la viveza de tus ojos redondos, de esa sonrisa que nunca dejó que se supiera el dolor que sentías, de esas cuatro pecas marrones que te salían en la nariz cuando te daba el sol. Prometo superarme y ser mejor persona para intentar, al menos, que tu corta memoria no quede en el olvido y que lo que tú podrías haber llegado a conseguir, se consiga.
Habrías sido una brillante cirujana o una experta egiptóloga. Habrías fundado un zoológico o te habrías dedicado a pintar o esculpir miniaturas. Habrías sido lo que hubieras deseado ser porque desde muy pequeña has sido dueña de ti misma, madura y responsable. Pero sobre todo, desde muy pequeña has mirado al futuro con un optimismo que se oponía a tu maltrecha salud.
Finalmente, la última batalla la ganó él y no tú. Después de muchas victorias que iban dejando huellas en tu cuerpo que el tiempo no pudo curar. Después de no dejarte vencer una y otra vez durante más de diez años de guerra. Después de salir sonriendo de cada combate y transmitirle al mundo entero que estabas aquí y que no te ibas a rendir con facilidad, tu enemigo no ha demostrado ser más fuerte que tú, pero sí mucho más pertinaz y resistente.
Me quedo con el proceso y no con el resultado. Me quedo con tus ojos vivarachos y tu sarcárstico sentido del humor. Con tu vitalidad y tus ganas de vivir. Me quedo contigo, con lo que fuiste, con lo que prometías ser, con tus ganas, con tu alegría infinita, con el cariño con el que siempre lo hacías todo.
Y lo dicho, chiquitina. Que me quedo huérfana de ti y que, en contra de lo que pudiera parecer, yo, tu maestra, he aprendido mucho más de ti que lo que tú has aprendido de mí.
Que descanses por fin y que tu legado no se pierda nunca.
Te mando un beso.
Esta entrada está configurada para no admitir comentarios. Para mí, era una necesidad y quería compartirla con vosotros, pero no es un post al uso y quiero distinguirlo de los demás de esta manera. Espero que no moleste ni ofenda a los lectores y agradezco de antemano la comprensión.
jueves, 24 de junio de 2010
Se necesita una flor
Per fare un tavolo ci vuole il legno
per fare il legno ci vuole l'albero
per fare l'albero ci vuole il seme
per fare il seme ci vuole il frutto
per fare il frutto ci vuole un fiore
ci vuole un fiore, ci vuole un fiore,
per fare un tavolo ci vuole un fio-o-re.
Per fare un fiore ci vuole un ramo
per fare il ramo ci vuole l'albero
per fare l'albero ci vuole il bosco
per fare il bosco ci vuole il monte
per fare il monte ci vuol la terra
per far la terra ci vuole un fiore
per fare tutto ci vuole un fiore
Per fare un tavolo ci vuole il legno
per fare il legno ci vuole l'albero
per fare l'albero ci vuole il seme
per fare il seme ci vuole il frutto
per fare il frutto ci vuole il fiore
ci vuole il fiore, ci vuole il fiore,
per fare tutto ci vuole un fio-o-re.
Gianni Rodari fue maestro, pedagogo y escritor. Vivió años convulsos. Vivió guerras, dictaduras, la polarización del mundo.
Sarebbe una festa per tutta la terra
fare la pace prima della guerra.
Sería una fiesta en toda la tierra
hacer las paces antes de la guerra.
Rodari escribió La gramática de la fantasía e introdujo un concepto que marcó un antes y un después en la literatura infantil y juvenil del pasado siglo: El binomio fantástico.
No existen conceptos aislados, sino que por regla son «binomios de conceptos». Una historia sólo puede nacer de un «binomio fantástico» (...)
Es necesaria una cierta distancia entre las dos palabras, que una sea suficientemente extraña a la otra, y su unión discretamente insólita, para que la imaginación se ponga en movimiento, buscándoles un parentesco, una situación (fantástica) en que los dos elementos extraños puedan convivir.
El mismo Rodari explicaba con su poema Ci vuole un fiore, la necesidad de explicar el origen de todas las cosas y dar la importancia que merece a cada paso del proceso de vivir, de pensar, de crecer, de aprender, de amar, de existir.
Le cose di ogni giorno
raccontano segreti
a chi le sa guardare
ed ascoltare.
Las cosas de cada día
cuentan secretos
a quienes saben observarlas
y escucharlas.
Y es que, en los pequeños detalles, están las grandes explicaciones de la vida, ¿verdad?
miércoles, 3 de marzo de 2010
Proyectos innovadores: Escuela 2.0
El proyecto Escuela 2.0 suscitó muchas dudas al ser anunciado y confieso que yo fui una de las primeras en mostrarme, al menos, cauta ante un proyecto que me pareció muy ambicioso pero también muy costoso en lo económico y en lo humano (me refiero a la implicación del profesorado). Sabiendo que podría observar la evolución del proyecto en la escuela donde trabajo, decidí no mostrar mi opinión hasta no estar más documentada y haber visto tanto las ventajas como los inconvenientes de lo que podríamos denominar como la fase de implantación de esta nueva forma de enseñanza y aprendizaje en España.
En esta presentación, el profesor Guillermo Lutzky (1963-2009), que destacó por sus estudios en el campo de la innovación pedagógica a través de la integración de las tecnologías de la información y de la comunicación (TICs), da unas pinceladas acerca de las oportunidades que nos ofrece esta nueva concepción de la enseñanza.
Está claro que no todo son ventajas cuando un proyecto ambicioso se pone en marcha y que su éxito depende en gran medida de la buena voluntad y el trabajo duro de los docentes implicados y de las familias de los alumnos involucrados en el proyecto. La llegada de los medios técnicos necesarios es lenta y depende de partidas presupuestarias, de aprobaciones y permisos que retrasan su llegada al aula. Mientras ésta se produce, se gasta una cantidad abrumadora de tiempo en acondicionar los espacios y los tiempos adecuadamente. Los docentes invierten tiempo y esfuerzo en formarse, formar a sus alumnos técnica y pedagógicamente e informar y solicitar colaboración de sus familias(objetivamente, éste es el paso más duro de afrontar con éxito). Una vez llegan los medios (ordenadores, pizarra digital interactiva, etc) configurarlos para que sean seguros y eficaces en su manejo es una ardua tarea que parece no acabarse nunca de realizar por completo (imaginaos por un momento el tiempo que os lleva poner en marcha y mantener en estado óptimo vuestro ordenador y multiplicadlo por veinticinco).
Como ya sabéis, los detractores de este proyecto defienden su tesis aludiendo bobadas como la "miopización"(bonito palabro que no aparece en el diccionario de RAE) de los alumnos porque los monitores de los ordenadores personales que utilizan miden diez pulgadas.
Oponerse por oponerse no es constructivo y no sólo en lo que se refiere a este proyecto en concreto. Se trata precisamente de lo contrario, de construir nuevas formas de conocimiento y de que descubramos todos juntos que el papel del alumno y del docente está cambiando en tanto en cuanto ya no somos los adultos la única fuente de conocimientos para ellos. Sin ser conscientes de esta realidad, jamás responderemos a las necesidades inmediatas de nuestros alumnos y tampoco les daremos la suficiente protección ni respaldo a la hora de enfrentarse a un mundo que les ofrece una variedad muy amplia de fuentes de información de las cuales, sólo unas pocas son buenas y fiables. De ahí la importancia máxima de educar en y para el uso de estas herramientas que bien sabemos que son armas de doble filo. Educar significa construir un espíritu crítico, que discrimine lo bueno de lo malo, lo importante de lo accesorio, lo que nos sirve de lo que no necesitamos y para educar, como bien dijo Franklin, hay que involucrar porque el alumno involucrado es el alumno que aprende.
sábado, 13 de febrero de 2010
La escuela pública
Soy maestra desde los ocho años. Con esa edad sentaba a mi hermano pequeño y a los vecinos de mi edificio en una sillas de plástico y yo, con mi pizarra, jugaba a enseñarles. Ejerzo de manera oficial desde el año 2004, cuando fui contratada por un colegio concertado de mi ciudad. Un colegio pequeño y humilde, de esos(pocos) que no poseen un solar millonario en una zona estupenda de la ciudad, en el que los alumnos no llevaban uniforme y la cuota de "desgaste de patio" no existía. Sí se cobraba a las familias por tener en plantilla (compartida con otros centros) a una psicopedagoga y sí era un colegio religioso con crucifijos en las aulas y con Fiesta del Fundador, pero bueno, nada que no se pudiera soportar. De hecho, es un centro del que siempre hablo bien porque, como empleada, se me trató con respeto y con cariño, sabiendo, como sabían mi condición de no creyente ni practicante en lo que a religión se refiere.
Ahora trabajo en la escuela pública y me encuentro casualmente con ex-compañeras del centro antes mencionado. Me preguntan que si estoy contenta. Les digo que sí (con la más absoluta sinceridad), que estoy encantada, que trabajo mucho, pero que me encanta cómo se hacen las cosas en este otro lado. Es más, les animo a opositar e intentar acceder.
Hay muchos mitos en torno a la escuela pública, especialmente en lo que se refiere a las condiciones del trabajador. Desde la escuela privada o concertada se cree que se trabaja menos y que el nivel de los alumnos es menor. No sé lo que significa ese famoso concepto de "nivel" porque si lo expresamos en términos de cantidad de contenidos curriculares asimilados, pues puede que los alumnos de la concertada tengan más nivel, pero, desde luego, si se refiere a nivel de destrezas sociales, de competencias, de conocimiento del mundo que les rodea y de valores relacionados con la solidaridad y la democracia, ahí, indiscutiblemente, ganan los de la pública. Y en cuanto al trabajo de los maestros y profesores, pues claro que las condiciones son mejores en cuanto a sueldo y horas, pero eso es algo que desde la concertada se lleva años reivindicando, con lo que lejos de parecerles mal, será más bien que les parece bien, ya que para ellos lo quieren. Ya hace años que en España consiguieron ser pagados por las Consejerías de Educación de las Comunidades Autónomas y que el centro no gestionara estos pagos (porque solían quedarse con ello y tardaban en pagarles), con lo que sus aspiraciones están muy claras y sus logros no tienen mucho que envidiarles a los de los docentes públicos.
Creo que en esto, como en muchas otras cosas, la calidad ha de prevalecer sobre la cantidad. La calidad de la educación que reciben los niños no se puede cuantificar en cifras, se ha de valorar a través del éxito educativo, del desarrollo intelectual y social del alumnado, de su capacidad de desenvolverse con autonomía en el mundo que les rodea. Un mundo en el que, por cierto, existen clases sociales dispares, en el que conviven sexos, razas, religiones y culturas diversas. Cuanto antes sea consciente una persona de esta realidad, mejor preparado estará para convivir con ella. Todavía hay colegios privados que separan por sexos a su alumnado, que no admiten alumnos extranjeros o con algún tipo de minusvalía física, psíquica o sensorial en sus centros, aludiendo no tener buenas condiciones para atenderlos. Y qué decir del alumnado con problemas de aprendizaje, al que recomiendan con mucha dulzura abandonar su centro e irse al público, donde van a saber ayudarle con más medios.
Los medios humanos están en la escuela pública, desde luego. Los especialistas en Pedagogía Terapéutica, Audición y Lenguaje, los Orientadores, los especialistas en Inglés, Educación Física (de carrera, no de cursillo) están presentes en los centros públicos.
Los medios técnicos y materiales, pues depende de cómo se mire. Si tenemos en cuenta que a las escuelas concertadas, las autoridades educativas competentes les pagan la plantilla completa de profesores y cobran a las familias por casi todo, sus cuentas les permiten hacer grandes gastos en material y mantenimiento del centro. Si, por otro lado, entendemos que los centros públicos dependen de partidas presupuestarias públicas en su totalidad y de premios y concursos a los que presentan sesudos proyectos que llevan horas de trabajo, esfuerzo, coordinación e implicación de profesorado, padres y alumnos, pues juzguen ustedes mismos.
Todavía queda mucho por hacer en materia educativa en España. Todavía quedan flecos por cortar y cosas que mejorar, partiendo de la capacidad de autocrítica de autoridades y profesorado. Hay cosas que aprender de países vanguardistas en sus modelos educativos. Países en los que los sistemas educativos no varían con el color del partido que gobierna. Pero de una cosa estoy segura. La enseñanza pública estará a la cabeza de estos cambios que están por venir y sería deseable que la privada no obstaculizara mucho esta necesaria evolución. También sé que muchos centros concertados se sumarán a este cambio con ganas, ya que su filosofía es progresista (desde el punto de vista educativo) y abogan por una educación innovadora, inclusiva y democrática.
Otro día, hablaremos de la web 2.0 y los proyectos de innovación pedagógica y organiazación de centros.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Mi colegio ideal
Ayer sustituí en mi colegio a una maestra ausente en su clase de Plástica de 4º de Primaria (9-10 años). Sin tiempo para preparar una actividad concreta y en vista de que últimamente todo lo que veo en los medios o incluso lo que tengo a mi alrededor me parece muy mejorable, la palabra ideal vino a convertirse en un recurso didáctico y les dije a mis alumnos que expresaran a través de un dibujo lo que para ellos es su colegio ideal. Teniendo en cuenta que tuve que elevar el tono de mi voz en gran medida porque afuera están construyendo un edificio nuevo, anexo al edificio principal de la escuela y las obras producen unos ruidos muy molestos, deduje que, como mínimo, su colegio ideal no estaría en obras, pero no esperaba en absoluto lo que después vi. La idea, lejos de parecerles una bobada, les encantó y comprobé con mis ojos como los alumnos de estilo reflexivo se tomaron un rato para pensar en lo que después plasmarían sobre el papel y los de estilo ejecutivo, trazaron las primeras líneas inmediatamente después de escuchar la propuesta. Comprobé que los alumnos a los que toda la vida se llamó despistados y que ahora tienen déficit de atención, al volver de su ensoñación, le preguntaron al de al lado la mítica frase ¿Qué hay que hacer? o su versión ¿Qué ha "mandao"?
Las niñas se rodearon de colorines y los niños se apresuraron a dibujar campos de fútbol gigantes (porque hay cosas que ni la coeducación, ni la educación no-sexista pueden cambiar).
Hoy me tocaba dar mi clase habitual de Inglés a este grupo, pero la actividad de ayer, por falta de tiempo, no había recibido respuesta por mi parte, ni se recogió, ni se expuso. Como toda tarea ha de recibir una respuesta, que también conocemos como feedback o retroalimentación, decido hoy posponer mi clase y dar por finalizada la de ayer dando la oportunidad a los chicos de salir, mostrar y describir sus ideales colegios.
He visto coles en forma de estrella, de coche, de campo de fútbol (insisto). Coles enormes en los que el timbre es una campana, las paredes son de muchos colores y hay mucho espacio libre. Casi todos tienen piscina y ludoteca. Algunos, incluso tienen discoteca, lo que me produce una carcajada ¿Habrán estado estos micos en una discoteca alguna vez? Los alumnos en el papel de director o directora, los maestros encerrados en un aula mientras ellos juegan libremente por las instalaciones. Las aulas son muy pequeñas y las sitúan en los extremos del edificio y en el centro, se dibujan a sí mismos en compañía de animales y juguetes. La versión más extremista es la del edificio que se está hundiendo bajo la tierra poco a poco, demostrando que a los nueve años ya se puede aborrecer el colegio.
En cualquier caso, todos ellos me han aportado un pequeño aprendizaje y me han demostrado que el idealismo, aun siendo muy característico de la infancia, es algo que los adultos no deberíamos perder. ¿Por qué no soñar con un trabajo ideal? ¿Con un mundo ideal? ¿Con la pareja o el amigo ideal?
No creo que estos niños hayan llegado al colegio hoy pensando que es una birria en comparación con el colegio ideal que dibujaron ayer. Pero sí es posible que haber reflexionado acerca de ello les conduzca a proponer ideas que lo mejoren y a concienciarse de que la imaginación vuela a pesar de que la realidad no sea tan bonita ni tan divertida.
Tu imaginación también puede volar si la dejas. No dejes que tu jaula de adulto la encierre. Déjala salir de vez en cuando y observa como te trae pensamientos ideales en los que puedes recrearte, aunque sólo sea por unos segundos. Cuando regreses, trata de no maldecir la miseria que te rodea y saborea ese momento ideal al que te llevó el niño que llevas dentro.
viernes, 17 de abril de 2009
La maestra y el Principito (II). El Rey.
Iustración de Antoine de Saint-Exupéry. El Principito.
Los alumnos leen hoy el capítulo en el que el Principito comienza a viajar y el primer planeta que visita está habitado por un rey. Lo primero que muestra el rey al ver al Principito es su alegría por la llegada de un súbdito.
Los reyes siempre están igual, piensa la maestra. Su altiva posición les hace pensar que todos somos sus súbditos. ¿Quién le otorga el poder a los reyes? Los dioses, los dictadores. ¿Qué importa? La realidad nunca es tan absoluta como su mandato. No tienen de quien recibir órdenes pero sí a quien dárselas. Es el problema de ostentar un cargo en el que el mandato es una responsabilidad ineludible.
Los niños ríen con la paradójica forma de dar órdenes de un rey que, según el Principito es bueno, a pesar de ser absoluto y, como es bueno, da órdenes razonables. También les parece gracioso que sea un rey que no manda sobre nadie, un rey que no reina, después de todo.
Si yo ordenara -decía frecuentemente-, si yo ordenara a un general que se transformara en ave marina y el general no me obedeciese, la culpa no sería del general, sino mía".
La maestra reflexiona acerca de sus propias órdenes y el cumplimiento o no de las mismas por parte de sus alumnos. En sus años de dedicación a la enseñanza, tuvo que dar muchas órdenes que no siempre fueron obedecidas por los que las recibían. Lo fácil era creer que la desobediencia es una característica de la persona que recibe la orden y no la ejecuta aunque, en realidad, la desobediencia es una faceta que atañe más al que ordena que al que ha de acatar la orden. El mandato deja de ser efectivo en el momento en el que la orden no es razonable o asequible por parte de quien ha de cumplirla. Pero, ¿qué opinan los niños de esto?
Se lo pregunta y juntos reflexionan sobre ello. Los niños reconocen que no siempre los mandatos de los mayores son razonables y creen que muchas veces el abuso de autoridad conduce a los mayores a ordenar cosas que ellos desean ver cumplidas, sin tener en cuenta la capacidad de cumplirlas que tiene el que las recibe. Pero la maestra les hace pensar acerca de las órdenes a las que los niños someten a sus padres, profesores y demás autoridades. ¿No son acaso desproporcionadas y egoístas éstas?
A los niños, piensa la maestra tras la lección de hoy, hay que mostrarles también sus incoherencias, sus defectos, su falta de sensibilidad. Si no lo hacemos, ellos nunca lo verán por sí mismos, ya que su capacidad de autocrítica aún no se ha desarrollado, mientras que la de criticar lo ajeno es una práctica muy común a estas edades. Los adultos, en ese aspecto, corremos una suerte parecida. Nosotros sí tenemos capacidad de ser autocríticos pero no siempre lo somos. Y algunos de los que desempeñamos puestos de autoridad, tanto en el ámbito familiar o social como en el profesional, hemos de leer (o releer) este capítulo para darnos cuenta de que dar órdenes no es fácil, de que no todos los que te rodean son tus súbditos y de que, reinar sin tener sobre quien hacerlo hace perder la gracia a una dedicación que, aunque en principio puede parecer una perita en dulce, mal gestionada puede darte muchos problemas.
Dedicado a los jefes, a los que desempeñan puestos de autoridad en sus trabajos, a los reyes y reinas de sus casas, de sus aulas, etc; y a los que obedecen, a los que tienen jefe o jefes, a los súbditos. Porque todos somos reyes en algún palacio y súbditos en algún planeta.
domingo, 12 de abril de 2009
El Principito y la maestra (I). Bandadas de gorriones.
La maestra se sienta y les mira. Todos la observan y han visto que sostiene un libro en sus manos. Es pequeño, parece ligero, de poco grosor. Es un cuento, piensan ellos. Pero ella no les lee. Lo abre y les enseña un dibujo. No tiene demasiados colores, ni formas extraordinarias.

-¿Que veis? -pregunta.
- ¡Un niño! ¡Pájaros! -responden.
- ¿Qué hace? -insiste.
- ¡Volar!
-¿Volar? -dice dudando la maestra.
- Huye, dice una vocecilla.
Todos miran de nuevo la ilustración y corean ¡Huye! ¡Huye! ¡Está escapando!
- ¿Alguna vez habéis tenido ganas de huir?
- Muchas -dicen.
- ¿Ah, sí? ¿Adónde?
- No sé -responde una niña-. Al espacio.
- A otro mundo -aporta su compañero de al lado.
A la una suena el timbre y la maestra conduce para ir a casa. Por el camino piensa que los tiempos cambian, las sociedades evolucionan, el mundo cada vez está más loco y todos somos parte responsable de la velocidad a la que vivimos y hacemos vivir a los niños. Pero los niños, ayer, hoy y siempre tuvieron, tienen y tendrán el poder de huir. El Principito aprovechó una migración de pájaros para huir de su planeta, de las continuas exigencias de una flor ingrata, de la dureza de la tarea de limpiar cada día sus tres volcanes, de la lucha eterna contra las raíces de unos baobabs que nunca dejaban de crecer.
Los niños vuelan con su imaginación, huyen de las responsabilidades. Sólo buscan saciar su sed de curiosidad, como el Principito.
Los mayores somos tontos, piensa. No sabemos huir. Nos consumen las responsabilidades, las obligaciones, el qué dirán. No siempre tenemos la valentía de atar nuestras muñecas a una bandada de gorriones.
Ilustración de Antoine de Saint-Exupéry en El Principito.
jueves, 30 de octubre de 2008
Un anuncio, más que mil palabras
¡Cuántas veces lo decimos! Los niños hacen lo que ven, imitan el modelo que les ofrecemos los adultos, sobre todo sus familiares cercanos, pero también sus maestros.
No en pocas ocasiones les decimos a los peques eso de "no se dicen mentiras" y, a la vuelta de la esquina, llaman por teléfono y les pedimos que, por favor (eso sí, educación ante todo), si es para nosotros, digan que en este momento no estamos en casa. Y éste es un ejemplo inocente de hasta qué punto la influencia de nuestras conductas puede repercutir en su educación.
Reconozcamos, al menos, que estas conductas están a la orden del día y que luego, abusando de nuestra autoridad, castigamos a los menores por hacer poco menos que lo que nos ven hacer a nosotros. Sin embargo, no hay peor castigo que el inculcar con el modelo ofrecido, una serie de conductas que en nada enriquecerán la formación de nuestros hijos o alumnos.
El psicólogo ucraniano Bandura, estudió el Aprendizaje por imitación de modelos y estableció el siguiente proceso:
Adquisición: el sujeto observa un modelo y reconoce sus rasgos característicos de conducta.
Retención: las conductas del modelo se almacenan en la memoria del observador.
Ejecución: si el sujeto considera la conducta apropiada y sus consecuencias son positivas, reproduce la conducta.
En muchas ocasiones, el mero hecho de ser un ser admirado quien la lleva a cabo, sirve de refuerzo positivo y valida la conducta a los ojos del niño.
Consecuencias: imitando el modelo, el individuo puede ser reforzado por la aprobación de otras personas. Implica atención y memoria, es de tipo de actividad cognitiva. (Wikipedia)
Ahí queda eso para reflexionar un poco sobre nuestros actos y delante de quién los ponemos en práctica.
Gracias a Marcos por proporcionarme la referencia del vídeo.
domingo, 10 de agosto de 2008
Carmen Posadas: tener o no tener
El pasado fin de semana, la revista XLSemanal, que suplementa al Diario Montañés me acercó un artículo de Carmen Posadas muy interesante y con el que estoy sumamente de acuerdo. Lo busqué en la versión digital de la publicación y os lo he vinculado para que lo leáis. Poco más se puede comentar sobre este artículo, salvo suscribir lo que su autora nos cuenta.
Nos pasamos horas debatiendo acerca de los niños de hoy en día, de sus problemas, de sus intereses, de su extraño comportamiento, de lo indisciplinados y caprichosos que son. ¡Qué demonios! ¿Es que nadie se va a poner a debatir sobre los padres de hoy en día? Ya estoy viendo que os vais a echar encima unos cuantos (Rafa, Marcelo, Miriam, Demi...) que son padres de niños de hoy en día, pero asumo el riesgo, siempre, desde la humildad y el desconocimiento como madre que NO soy. Como bien expresa Posadas, hay una tendencia patológica a "coleguear" con los hijos. Yo hace años que vengo conversando con mi madre acerca de esto y ella siempre me ha confesado su negativa a ser amiga de sus hijos. "Una madre ha de ser otra cosa, nunca una amiga, sino una madre", argumenta siempre, "y no por ello, es peor madre, al contrario", comenta con convencimiento. Yo siempre me muestro a favor de esta opinión y veo, a través del artículo mencionado, que no somos las únicas. Todo ello, con la experiencia que nos da al menos, una parte de razón, de tener una comunicación muy saludable con mis padres y una confianza que creo tener exclusivamente con una o dos personas más aparte de ellos.
Por otro lado, y como consecuencia, la escritora aborda el término "yonqui de sensaciones" para definir aquéllo en lo que convertimos al niño al que se le sobreestimula con una actividad u objeto detrás de otro sin darle lugar a reflexionar sobre el esfuerzo que cuesta ganarse estas cosas, sin permitirle siquiera echarlas de menos o pensar en la mejor forma de obtenerlas. <<sólo disfruta deseando otra cosa que, a su vez, dejará de interesarle en cuanto la posea>>, dice literalmente la autora.
Por último, Carmen Posadas reflexiona sobre la idea del "merecimiento" como base para lograr una educación que promueva el aprecio por las cosas y que, por lo tanto, les hará sentir más satisfacción y ser más felices.
Como persona dedicada profesionalmente a la educación, este tipo de artículos siempre llama mi atención y me hace reflexionar y llevarlos inevitablemente a mi terreno. En este caso, creo que puedo mejorar mucho mi relación con los peques si promuevo en ellos su necesidad de esforzarse y de responsabilizarse de su acti
(De paso, quiero recomendar los artículos de Posadas en la revista XLSemanal. Ya se sabe, unas veces conectan más con los intereses que uno tiene y otras menos, pero en general, son muy buenos.)
miércoles, 25 de junio de 2008
Al partir...

Decía Arthur Schnitzler (escritor austríaco) que las despedidas siempre duelen aun cuando haga tiempo que se ansíen. Y quién no ha sentido esa sensación alguna vez. La vida es un ciclo continuo de personas que pasan por tu lado y que se van, de lugares que habitas y que abandonas, de trabajos que cambian, de destinos inciertos. Pero por muy acostumbrados que creamos estar a ello, la despedida siempre nos duele.
Ser consciente de una situación no te hace necesariamente inmune a ella y hoy he sufrido esa experiencia en mis propias carnes. Hasta ahora, mis despedidas siempre venían acompañadas de la alegría que suponía el cambio a mejor, el ascenso. Hoy, la despedida ha sido agridulce por lo incierto de lo que pueda suceder a partir de ahora. Yo, aun estando segura de que el cambio será a mejor, me quedo con la pena de no seguir rodeada de unas personas que me han arropado y tratado como una auténtica princesa (es que lo de reina no me gusta). He sentido el compañerismo, la protección, el cariño e incluso la amistad de un grupo humano con virtudes y defectos, con manías y rarezas, con malos rollos y malas caras, ¿por qué no?, nadie es perfecto y ellos, no lo son. Nosotros no lo hemos sido pero hemos puesto todo lo que estaba en nuestras manos por sacar adelante un proyecto común, o más de uno...¡en fin!
En resumen, ha sido un curso de nervios y tensiones. Ha sido un año de esfuerzos y proyectos que no cesan. Un curso de caras nuevas con nuevas sonrisas y nuevas palabras. Con alegrías compartidas y solamente tan bien comprendidas por quienes las viven contigo, como tú.
Y como soy maestra, yo me despido con la llegada del fin de curso, como cuando era estudiante. Por eso, me inspira una canción de cuando era estudiante y me daba pena todo lo contrario. Me entristecía que se acabara el verano ¡Cómo cambia la vida!
De antemano, pido disculpas por no haber conseguido el vídeo original, esto es un apaño que alguien caritativo colgó en su día. Tomadlo como si fuera una barra de sonido, es lo máximo que puedo hacer hasta que no aprenda más de estas tecnologías. Ya me contaréis si os acordáis de la canción, al menos los de mis tiempos.
Sí, ya lo sé. Es una pasteladita de cuando era una cría, pero a mí me gustaba ¿qué pasa?
Y recordad, por muy dulce que parezca una despedida, siempre hay un componente de amargura en ella.
domingo, 11 de mayo de 2008
Cuéntame cómo pasó
Dicho esto, la polémica no acaba aquí. ¿Qué ocurre con esa hora que se le quita a Historia? Cuando me lo dijeron, no me lo podía creer. Sería para la asignatura de Religión. Religión en 2º de Bachiller. Religión en la Enseñanza Secundaria no obligatoria. En dos palabras, "in-verosímil".
Por mi parte, no hay mucho más que decir. Únicamente, unirme a la campaña de la Sexta y decir que en la declaración de la renta, voy a marcar la casilla de "Fines sociales" porque no quiero financiar a los que van en contra de nuestros derechos, a los que se meten en asuntos políticos que no les incumben y organizan campañas de apoyo a determinados partidos, a los que participan en decisiones médicas, a los que defienden, encubren y perdonan a terroristas y pederastas; a los hipócritas que censuran actos que ellos mismos practican. Ellos perjudican al cura del barrio que ayuda a sus vecinos, a la religiosa que quiere decir misa porque siente que su devoción y entrega a Dios es igualmente válida que la de un sacerdote; al vicario que quiere tener una vida sexual activa y casarse y formar familia...
Por supuesto, aquí queda mi apoyo a los profesores y profesoras de Sociales de Cantabria, mi felicitación a los sindicatos por la presión que ejercen y mi deseo, como docente, de que la educación pública normalice ya estas situaciones.
Amen