Estos días están siendo muy tumultuosos y revueltos en cuanto a actualidad. La visita del Papa Benedicto XVI ha dado que hablar y dará que hablar en las tertulias radiofónicas y televisivas, así como en la prensa. Sus declaraciones acerca de lo que él denominó laicismo agresivo que se vive en España y su comparación con el ambiente que se respiraba en los años 30 en este país, son discutibles y polémicas a la par que reveladoras de que la Iglesia nunca habla por hablar y sabe muy bien lo que dice, cuándo lo dice y qué pretende conseguir diciéndolo. No seré yo quien entre a valorarlas porque me imagino que ya todos los que pasen por aquí habrán tenido tiempo para ello. Lo que sí me gustaría reseñar es que sigue siendo, en mi humilde opinión, una terrible falta de respeto, de consideración y de libertad permitir, en un país aconfesional, que el máximo representante de un movimiento religioso se pasee en loor de multitudes (que no fueron tal cosa, finalmente) a cuenta del dinero de los contribuyentes camuflándolo de visita de estado (por eso que denominan Estado Vaticano, supongo) para no sacarle los colores a los alcaldes de las ciudades organizadoras (que además aluden que la repercusión mediática del evento publicita sus ciudades) ni a los miembros del Estado y del Gobierno que le fueron a recibir.
Así que cuando se te quiere empezar a pasar la resaca de la visita papal (y la del sábado por la noche, por qué no decirlo) te tumbas en el sofá, enciendes la caja tonta y te dices a ti misma: Vamos a ver que anda haciendo el Follonero (Jordi Evolé) esta semana en sus programa Salvados. La cosa tenía buena pinta en los anuncios, pero si no es así finalmente, me relajo y me voy quedando dormida para madrugar con dignidad el lunes.
Pones La Sexta y te dispones a visualizar el programa. Cuando te quieres dar cuenta, tus ojos, como platos, se han pegado al televisor, tu rictus (y el del que tienes al lado) es serio, reflexivo; a ratos sientes asombro por escuchar un dato o una opinión que desconocías, a ratos asientes con empatía. No te despegas de la cadena ni en la publicidad ¿De cuántos segundos es?, preguntas para ver si te da tiempo a ir al baño. Termina el programa y deseas que a ese hombre le concedan el premio Ondas, o el Pulitzer por lo que acabas de presenciar. Tú ya confiabas en él y le seguías habitualmente. Le conocías de su época con Buenafuente y en solitario no te había defraudado porque el programa es entretenido, mordaz e inteligente...Pero el del domingo, señoras y señores, fue un programa determinante y de máxima actualidad sobre la situación de Euskadi, en Euskadi. Políticos hablando con franqueza, con confianza; personas de la calle a las que nunca nadie entrevistó dando su opinión y su visión de las cosas. Un periodista que se gana la confianza de todos ellos posiblemente porque es de todo, menos tendencioso. En fin, una gozada que recomiendo ver muy encarecidamente a quien no lo hizo. En el enlace puesto anteriormente, se pueden ver vídeos del programa e imagino que la web de La Sexta haya publicado el vídeo íntegro del mismo. Altamente recomendable, insisto.
Me despido por una temporadita porque no voy a tener mucho tiempo ni medios en los próximos días para publicar ni para seguir a los blogs amigos. Leeré vuestros comentarios gustosamente e intentaré regresar lo antes posible. Mil disculpas.


